“Me gustaría presentarles mis profundas disculpas”, dijo Breivik, dirigiéndose a los familiares de los transeúntes que murieron o resultaron heridos por la explosión de la bomba que había colocado el 22 de julio de 2011 frente a la sede del gobierno noruego.
En cambio, cuando el fiscal le preguntó si extendía sus disculpas a los familiares de las víctimas que murieron en las oficinas ministeriales o a los de los jóvenes laboristas asesinados en la isla de Utoya, Breivik respondió negativamente.
La matanza de los jóvenes laboristas y de los funcionarios de los ministerios era “atroz pero necesaria”, reiteró Breivik.
De los muertos en Utoya, 44 tenían responsabilidades en la organización juvenil laborista y en la isla funcionaba un “campo de adoctrinamiento político”, dijo el extremista noruego.