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lunes, 2 de noviembre de 2015

Bolivia recordó a sus difuntos con ceremonias tradicionales

 Con rezos, comida, bebida y bajo las notas de una melodía quejumbrosa, Bolivia se reencontró el lunes con sus muertos, bajo la creencia popular de que estos vuelven del más allá el 1 de noviembre para una rápida visita.
En el cementerio aymara de Villa Ingenio, en la ciudad andina de El Alto, vecina de La Paz, unas 200.000 personas confluyen para saludar a sus seres queridos y despedirlos hasta el próximo año.
El frío del altiplano no es óbice para que los deudos tomen el camposanto -donde, según el municipio local, están enterradas unas 24.000 personas- con la comida y bebida que más gustaban al difunto.
“Estamos acá con toda la familia, hijos y nietos, estamos recordando a una gran persona, a mi abuela, que falleció hace tres años”, dice Guillermo Uchani, quien, junto a todos los dolientes, está sentado en torno al nicho.
Hay abundante fruta: piña, manzana y plátanos y caña de azúcar, que sirve para endulzar las penas.
A lo largo del cementerio se observa a otra familia doliente que ha contratado a un grupo de músicos jóvenes.
“Aunque no estés a mi lado, siempre te he de querer / Siempre llorarás por mi amor“, cantan los muchachos, con aire quejumbroso. Por unos 50 a 60 bolivianos (menos de 10 dólares), ellos inundan el ambiente por varios minutos con zampoñas y quenas (instrumentos andinos de viento), platillos y tambores.
Allí también está Juana Taco, con sus dos pequeños hijos, su esposo, un cuñado y su suegra, para recordar a Justino Molle, su suegro, fallecido hace seis meses.
“Hemos traído chicharrón (fritura) de pollo, le encantaba”, dice la mujer, y todos se disponen a comer en torno a la sepultura.
En la necrópolis, de una extensión aproximada de 10 hectáreas, se ven también sobre los sepulcros panes de trigo con formas humanas de diferente tamaño y una escalera “para ayudar al alma a volver al cielo”.

Sincretismo religioso

La costumbre religiosa tiene rastros precolombinos. La fiesta de Todos los Santos marca en el calendario andino el umbral del tiempo de “jallupacha” (de lluvias), cuyo carácter es esencialmente femenino, es decir, tiempo de crecimiento de las plantas, según explica el municipio de La Paz.
Los aymaras tienen una idea del cielo, la tierra y el infierno parecida a la de la religión cristiana, predominante en el país. Creen en el “alaxpacha” (mundo superior), el “acapacha” (terrenal) y el “manqhapacha” (submundo o de oscuridad). Y en estos dos días, las almas transitan desde el “alaxpacha” al “acapacha” y luego se van para volver al año siguiente.
También han recuperado algunas costumbres que existían en algunos pueblos prehispánicos desacar a los muertos en procesión en el ciclo agrícola de noviembre.
La práctica de recordar a los difuntos es muy similar en otros cementerios del país, así como en los hogares, donde también se despide a mediodía a los seres queridos.
En la cancillería boliviana, bajo el mando del aymara David Choquehuanca, también se recordó la fecha el fin de semana, con la “presencia” de algunas almas conocidas, a las que se les ofreció una mesa con panes y frutas.
Allí se colocaron fotos de los expresidentes Hugo Chávez (Venezuela) y Nelson Mandela (Sudáfrica), del libertador Simón Bolívar, del exlíder libio Muamar Gadafi, del “Che” Guevara y del Nobel colombiano Gabriel García Márquez, entre otros 60 famosos.