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jueves, 12 de marzo de 2015

México rompe el histórico duopolio de la televisión

México ha abierto el candado televisivo. La licitación de dos nuevas cadenas, destinada a acabar con el histórico duopolio que controla las emisiones en abierto, culminó anoche con su adjudicación a Cadena Tres, de Olegario Vázquez Raña, y Grupo Centro, de Francisco Aguirre. La decisión materializa uno de los hitos delproyecto reformista de Enrique Peña Nieto, pero lo hace por la puerta pequeña. El proceso, que generó una enorme expectación en sus primeros días, ha registrado una fuga masiva de pretendientes y ha llegado a su 
tramo final exhausto.
Sólo dos jugadores han resistido las dificultades y, para sorpresa general, han presentado ofertas netamente superiores al mínimo exigido por las autoridades, de casi 60 millones de dólares por cadena. El Grupo Centro, de corte conservador y que controla 15 emisoras de radio, puso sobre la mesa cerca de 200 millones, muy por encima de Cadena Tres, un pequeño emporio mediático, en el que figura el tradicional periódicoExcélsior, que ofreció 115 millones. La disparidad no afectó a la resolución. Dado que sólo había dos concursantes, cada uno recibió una televisión.
Esta falta de contendientes muestra la pérdida de atractivo que ha sufrido la reforma estrella de las telecomunicaciones. Al dar sus primeros pasos, en septiembre pasado, la licitación atrajo a la flor y nata del empresariado mexicano. En juego había un mercado de 4.000 millones de dólares anuales en publicidad y venta de contenidos. Doce grandes de grupos se prepararon para la liza. Entre ellos destacaban fortunas como Germán Larrea, El Rey del Cobre, o clásicos del establishment mexicano como Mario Vázquez Raña o la familia Maccise.
Con el paso de los meses, el concurso fue reduciendo su fulgor. Lacrisis del petróleo enfrió el clima económico y los problemas que al inicio se atisbaban lejanos han cobrado envergadura. En un sector maduro, con crecimientos apenas superiores a los de la inflación, los nuevos competidores deberán enfrentarse a dos gigantes firmemente asentados en el territorio y que absorben prácticamente toda la publicidad: Televisa (45% audiencia) y Televisión Azteca (20% audiencia).
Para hacerlo tendrán que satisfacer el pago por la licencia sin tener claro su terreno de juego. Las nuevas cadenas sólo pueden emitir en digital, lo que las hace extremadamente dependientes del apagón analógico, previsto para el próximo 31 de diciembre. Es un punto crucial. El 45% de los hogares mexicanos sigue con televisión analógica y, por tanto, no puede captar la señal de las nuevas cadenas. Si se retrasa el apagón o no se cierra completamente la brecha analógica, el campo de acción de los nuevos contendientes, con una inversión ya hecha, quedaría muy mermado. “No es justo que tengamos un pago realizado en un mercado que todavía no existe” ha dicho el presidente de Grupo Radio Centro, Francisco Aguirre.
La inseguridad es alta y, según los expertos, la capacidad de evolucionar dentro de un mercado tan maduro y saturado es escasa. El propio Instituto Federal de Telecomunicaciones, el organismo que concede las licencias, prevé que las nuevas televisiones solo ocupen para 2020 un 8,5% del mercado. “La reforma nace con muchos retos, entre ellos una estructura de mercado muy difícil y una transición digital demasiado lenta. Creo que cadena Tres y Grupo Cero terminarán juntos para poder enfrentarse a Televisa y Televisión Azteca. Se ha tardado tanto en levar a cabo la reforma, que quizá es demasiado tarde, pero no deja de ser una buena noticia: hay más opciones y, por tanto, debe haber más calidad”, señala el analista Mony de Swaan, expresidente de la Comisión Federal de Telecomunicaciones.Para paliarlo, el Gobierno ha optado por una solución inédita: regalar televisores digitales a quien no puede costearlo. El polémico plan, criticado por clientelar, ha permitido la entrega en pleno año electoral de más de dos millones de aparatos a familias pobres. Los diez millones restantes han quedado en entredicho debido a los ajustes en el gasto público adoptados por la crisis del petróleo.
El Ejecutivo ha tratado de reducir estas dificultades permitiéndoles una combinación de servicios (televisión de pago, telefonía móvil y fija e internet) que amplíe el perímetro de su negocio. Pero las dudas sobre su viabilidad subsisten. Tampoco está claro para los expertos que los recién llegados puedan acabar con la baja calidad que ahora domina el espectro televisivo. La cuestión, en un país donde la televisión es el medio de información por excelencia, trasciende el sector. Dado el alto contenido político que se le dio a esta reforma, un fracaso en la pluralidad afectaría a la credibilidad del propio Gobierno y mostraría las dificultades para acabar con las inercias del pasado. La verdadera reforma empieza ahora.EL PAIS