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lunes, 17 de junio de 2013

La inacción de Occidente refuerza a El Asad y reaviva el conflicto sirio

Después de 27 meses de conflicto, con 93.000 fallecidos y más de 1,5 millones de desplazados, los aliados occidentales de los rebeldes sirios han despertado de un letargo diplomático para leer informes de inteligencia en los que se advierte de que Bachar El Asad no sólo puede mantenerse en el poder en los meses próximos, sino que, sin intervención externa, bien puede acabar ganando esta guerra. En las pasadas semanas, el Gobierno sirio ha conseguido retomar la estratégica localidad de Qusair en la frontera con Líbano y ha intensificado sus ataques aéreos y con misiles en otras plazas rebeldes. Su superioridad bélica es indudable. Y el principal problema que tenía, la pérdida de soldados por bajas y defecciones, ha quedado solventado con el apoyo, cada vez más claro y directo, de Irán y, sobre todo, la milicia libanesa Hezbolá.
Queda ahora claro que, desde los primeros meses de conflicto, El Asad ha seguido una estrategia de retirada consciente y contraofensiva escalada. En los primeros meses de la revuelta, el régimen se replegó de diversos puntos del norte, este y sur de Siria, donde los rebeldes se reforzaron sobre todo en torno a Alepo, Homs y Deraa. A su suerte quedó, al nordeste, la minoría kurda, que se ha resistido a unirse a los opositores de mayoría suní. El Gobierno mantuvo el control del norte, la costa occidental y Damasco, la capital, fortificando además la red de carreteras que une esas zonas. Paralelamente intensificó los ataques sobre las zonas rebeldes, primero con artillería pesada, y más recientemente con ataques aéreos y misiles. Aquello hizo de muchos bastiones opositores zonas sumidas en el caos y el desgobierno.
Hoy, reforzado dentro y fuera de su país, a El Asad ni siquiera le hace falta el apoyo de otras naciones árabes. El sábado, Mohamed Morsi, presidente de Egipto, anunció que cortaba lazos diplomáticos con Damasco, cerrando su embajada allí, algo que el Gobierno de El Asad tildó de “irresponsable” en un comunicado. Recientemente, Jordania pidió que Estados Unidos mantuviera en su frontera un destacamento de misiles Patriot y cazas F-16 que recientemente tomaron parte en un ejercicio militar en ese país. El Pentágono anunció el sábado que ha aprobado esa petición. “Si el mundo no ayuda como debe, y el asunto amenaza a nuestro país, estamos preparados, en cualquier momento, para tomar las medidas para proteger nuestro país”, dijo este domingo el rey Abdalá de Jordania en un acto militar.
“En Siria se ha roto ahora el punto muerto en el que se hallaba el conflicto”, explica Amr Al Azm, disidente sirio y profesor en la universidad de Shawnee en Ohio. “El régimen tenía suficiente armamento y potencia de fuego pero no tenía los soldados necesarios. Los opositores tenían suficientes guerrilleros pero no tenían armas. Occidente, especialmente Estados Unidos, hizo una serie de amenazas, diciendo que intervendría si se cruzaban algunos límites, y dio la caída de El Asad por sentada, sin en realidad hacer nada al respecto. Finalmente lo que ha sucedido es que los aliados de El Asad han escuchado esas advertencias y han actuado, proporcionándole al régimen lo que más necesitaba: operativos, milicianos que luchan en el campo de batalla, permitiéndole ganar ventaja”.
En agosto, el presidente norteamericano, Barack Obama, advirtió de que el uso de armas químicas por parte de El Asad tendría “enormes consecuencias”. En abril, el máximo responsable de investigación en la inteligencia militar de Israel, general Itai Brun, dijo tener pruebas fehacientes de que el régimen había empleado esas armas. Francia y Reino Unido secundaron esa afirmación. Obama ha tardado dos meses en anunciar que actuará, armando a los rebeldes, algo que hizo el jueves, sin avanzar planes o plazos de actuación. Todo este tiempo le ha permitido a El Asad ganar un valioso terreno con la asistencia sobre el terreno de Irán, cuya Guardia Revolucionaria ha entrenado a milicias paramilitares, y Hezbolá, que según la inteligencia francesa ha enviado a hasta 4.000 milicianos a luchar en Siria.
En un comunicado, el viernes, el primer ministro sirio, Wael al Halqi, dijo que los recientes avances del Ejército le permiten al Gobierno centrarse ya “en la fase de reconstrucción”. Con las miras aparentemente puestas en el día posterior al conflicto, dijo que “el mayor y más importante interés del Gobierno en esta fase es reducir la carga económica sobre los ciudadanos”, según informa la agencia de noticias Sana. Triunfalismos aparte, en realidad, lo que esos avances sobre el terreno le permiten al régimen es llegar a la próxima conferencia de paz, que se debería celebrar en Ginebra en las próximas semanas, con la confianza y seguridad de que puede formular exigencias a los rebeldes. Y ello a pesar de que, según fuentes de la inteligencia israelí, El Asad sólo controla el 40% del país.
Si la asistencia militar de Irán y Hezbolá ha sido crucial para El Asad sobre el terreno, el apoyo diplomático de Rusia le ha dado al régimen oxígeno en la escena política internacional. Moscú, que junto a EE UU ha convocado la conferencia de Ginebra, ha vetado en tres ocasiones otras tantas resoluciones de condena del Consejo de Seguridad de la ONU al Gobierno de Siria por uso excesivo de fuerza contra los opositores. Y ante las demoras de la Casa Blanca a la hora de decidir si armaba a los rebeldes o no, el Kremlin ha defendido, en claro desafío a occidente y a Israel, que mantendrá ciertos compromisos de venta de armas a El Asad que había adquirido antes del conflicto, incluida una futura entrega de misiles antiaéreos S-300 y F16.
Israel, que desde su nacimiento está formalmente en guerra con el Gobierno de Siria, teme que esas armas puedan emplearse en el futuro para atacar objetivos civiles en su territorio nacional. El lunes pasado, el ministro israelí de Asuntos Estratégicos, Yuval Steinitz, advirtió a occidente de las consecuencias de su inacción. “Siempre he pensado que podría darse el caso, finalmente, de que El Asad, con un fuerte apoyo de Irán y Hezbolá, acabe tomando la delantera”, dijo en una conferencia en Jerusalén. “Creo que es posible, y de hecho he creído que es posible desde hace ya bastante tiempo”. Puede que Israel lo supiera desde hace tiempo, pero en Washington parecen haberse dado cuenta en los pasados días.

EL PAIS