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lunes, 27 de junio de 2011

Empieza el juicio a los líderes del Jemer Rojo por el holocausto de Camboya

Los cuatro dirigentes del Jemer Rojo que aún viven se han sentado hoy en el banquillo de los acusados por los crímenes cometidos por la organización maoísta hace más de tres décadas en Camboya, donde causaron la muerte de casi dos millones de personas, una cuarta parte de la población, mediante torturas, ejecuciones, hambre y extenuación en los campos de trabajo. 

Envejecidos y abandonados por las huestes de guerrilleros a las que ordenaron pulverizar el país, los tres hombres y la mujer que formaron parte de la cúpula liderada por Pol Pot, se enfrentan a acusaciones de crímenes contra la humanidad, crímenes de guerra, genocidio, asesinato, tortura y persecución por razones religiosas y de raza contra la minoría musulmana cham, la población vietnamita y la comunidad de monjes.

El caso se sigue en el tribunal internacional creado por Naciones Unidas hace cinco años con la finalidad de rendir justicia a las víctimas, y que hasta ahora solo había juzgado a Kaing Guek Eav, Duch, profesor de matemáticas convertido en director del principal centro de tortura de la guerrilla, y condenado a una pena de 35 años de cárcel, que luego redujo a 19 años. Los acusados son Khieu Samphan, de 79 años y presidente del que el Jemer Rojo llamó Gobierno de Kampuchea Democrática; Nuon Chea, de 84 años el hermano número dos del régimen; Ieng Sary, de 85 años, que desempeñó el cargo de ministro de Exteriores; y su esposa, Ieng Thirit, de 79 años y por entonces titular de Asuntos Sociales. Los cuatro, que han rechazado las acusaciones en reiteradas ocasiones, no han mostrado ninguna emoción durante la lectura de las declaraciones iniciales, en un proceso televisado por la cadena nacional.

Cerca de medio millar de personas, la mayoría de ellas víctimas de torturas o familiares de aquellas que perecieron, han abarrotado la sala de vistas, separados de los acusados, los abogados y el tribunal por una mampara de cristal.

La audiencia inicial, que durará cuatro días, tratará cuestiones legales, como la selección de testigos y, sobre todo, si puede volver a ser juzgado Ieng Sary, teniendo en cuenta que un tribunal nacional le condenó a muerte en rebeldía por genocidio en 1979, pero luego recibió una amnistía real en 1996. La fiscalía, los abogados de la defensa y de la acusación particular han presentado ante el tribunal un listado con los nombres de 1.092 testigos, que será revisada por los jueces.

La defensa de Ieng Sary ha alegado que la instrucción realizada por los jueces es "incorrecta", porque supone una "violación" de su derecho a no ser encausado dos veces por el mismo crimen. "(El tribunal) tiene que ser un ejemplo para las otras jurisdicciones de Camboya y debe por tanto respetar el derecho y el principio de legalidad", ha dicho su abogado, Michael Karnavas, que argumenta que el juicio de 1979 debe ser considerado como "adecuado y definitivo", ya que si Ieng Sary hubiera sido arrestado en ese momento, "habría sido ejecutado".

Nuon Chea, de 84 años, con gorro azul y blanco y ocultando sus ojos con unas gafas de sol, dijo tras sentarse que no estaba "contento con la audiencia". También se quejó por su mal estado de salud y porque tenía frío, antes de abandonar la sala tras decir que comparecería de nuevo ante el tribunal una vez sean admitidas sus objeciones. "La investigación judicial ha sido tan injusta que el caso contra Nuon Chea debe detenerse", ha añadido su abogado, el holandés Michiel Pestman, quien ha culpado al Gobierno camboyano de "obstruir" las pesquisas. También Ieng Thirit se marchó tras alegar que se sentía cansada.

"Momento catártico"
El juicio supone una prueba crucial para comprobar si el Tribunal Extraordinario de Camboya, una corte mixta de juristas internacionales y camboyanos cuyo funcionamiento es muy burocrático y cuyo coste se calcula que superará los 100 millones de euros a final de año, es capaz de impartir la justicia que esperan víctimas y familiares desde hace tres décadas. Ou Virak, presidente del Centro Camboyano de los Derechos Humanos, cree que el inicio de este segundo juicio supone un "momento catártico". Los crímenes de los jemeres rojos "siguen arraigados en la psique colectiva de Camboya. 

Espero que este juicio proporcione a todas las víctimas algún sentido de justicia, por mucho que haya tardado", ha dicho Ou Virak en un comunicado. Sin embargo, la primera sentencia del tribunal, que condenó al torturador Duch a 35 años de prisión reducidos a 19, fue considerada como poco severa por los familiares de las víctimas. La corte puede imponer penas entre cinco años de cárcel y cadena perpetua.

El hermano número uno, Pol Pot, líder del brutal y enigmático régimen educado en Francia, murió en abril de 1998 en la base guerrillera de Amlong Veng, al noroeste de Camboya. Son Sen, su ministro de Defensa, fue asesinado por los suyos, y Ta Mok, apodado El Carnicero, falleció en prisión por problemas de salud.

Mientras los dirigentes son juzgados, otros muchos miles de miembros de los jemeres rojos viven en libertad mezclados con la gente de la que abusaron antes y durante los años de brutal régimen, desde abril de 1975 a enero de 1979. El primer ministro camboyano, Hun Sen, un exoficial del Jemer Rojo que desertó antes de la invasión, se ha opuesto a que el tribunal juzgue a otros destacados miembros de la organización con el pretexto de que esa acción pondría en peligro la estabilidad del país.

Con el Jemer Rojo casi desmantelado por las deserciones de regimientos enteros, Nuon Chea y Khieu Samphan se entregaron a finales de 1998, pero fueron puestos en libertad y regresaron a las junglas del oeste de Camboya. Ieng Sary y su mujer fueron detenidos en 2007 en una lujosa casa de Phnom Penh en la que vivían sin ocultar su identidad, y ese mismo año las fuerzas de seguridad detuvieron a Nuon Chea y Khieu Samphan.

EL PAIS/AGENCIAS