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sábado, 18 de junio de 2011

"La pena de muerte para los gais volverá a discutirse en el Parlamento"

Para Wamala Dennis, el viaje que hizo hace unos días a España ha sido un oasis de calma después de unos meses frenéticos. Este activista gay de 26 años nacido en Kampala (Uganda) es director de programas de la ONG Icebreakers (rompehielos). "Es una metáfora que representa que queremos romper el aislamiento de los gais, lesbianas y transexuales", dice.

El activista tiene muy reciente la sensación de peligro. "El parlamentario que lidera la propuesta de pedir la pena de muerte para las relaciones gais [David Bahati] volverá a discutirse en el Parlamento", afirma convencido. La vez anterior que se debatió, hace un mes, "la presión internacional consiguió detenerla". La internacional, y la local. "Pasamos dos días acampados delante del Congreso", relata. "Para el presidente [Yoveri Museveni] el apoyo internacional es muy importante, él es nuestra esperanza, porque si el Congreso aprueba la ley, él tiene que ratificarla, y confiamos en que no lo haga", cuenta.

Donde no espera tener mucho apoyo es en las organizaciones religiosas. "Los motivos de Bahati son religiosos. Él es evangelista y ellos están impulsando el odio", dice. De otras confesiones, como la católica, lo mejor que puede decir es que "se han quedado al margen". "Tienen otra estructura, son más jerárquicos, no nos apoyan, pero no han activado la persecución", afirma.

No es que la situación en Uganda sea en estos momentos buena para gais y lesbianas. "Te pueden arrestar por una manifestación de cariño en público. A muchos les ha pasado, sobre todo a los jóvenes. Ellos no entienden que tienen que tener cuidado, que tienen que disimular", relata.

Como prueba de esa violencia, Dennis cuenta que su organización "tiene que cambiar de sede cada poco tiempo. Ya nos han atacado dos veces. Cuando se enteran de a qué nos dedicamos, nos asaltan y nos lo destrozan todo. La última vez se llevaron los ordenadores".

A cambio, medio en broma (y se permite pocos chistes), afirma que son tan pocos que "la mudanza es fácil". "Todos somos voluntarios, y llevamos la ONG entre tres o cuatro. Pero atendemos a unas 100 o 120 personas al mes. Nadie paga una cuota, y casi todos los fondos vienen de un par de donantes. A la gente le cuesta acercarse porque no quieren que se les vea en nuestra organización".

Este miedo hace que una de sus tareas principales, la prevención del VIH, sea muy difícil. Como ha explicado en Caixaforum en unas jornadas sobre los retos para el acceso a los tratamientos organizadas por Salud por Derecho, "la homofobia hace que sea muy difícil llegar a la población de hombres que tienen sexo con hombres. Están muy ocultos, nadie lo admite, y tienen miedo de ir a los servicios sanitarios porque les da vergüenza".

Uganda, de hecho, es un país muy simbólico en la lucha contra el VIH. Hace 15 años, la tasa de infectados estaba en el 30% de los adultos (aunque esa cifra oficial se ha visto discutida después). "Ahora está en el 10%, pero está subiendo. Y, aunque afecta a toda la población, la proporción es mayor entre los hombres gais; por eso la situación es más peligrosa para ellos", dice. En el país, teóricamente, todos los enfermos tienen derecho a recibir tratamiento gratis. "Pero primero tienen que atreverse a acercarse a un centro sanitario y luego hay problemas de suministro", explica.

Esos inconvenientes llegan a algo tan básico como los preservativos y el lubricante. "Cuando viajamos, intentamos hacer acopio para poder repartirlos en nuestra sede", dice. Por eso, Dennis no deja pasar la oportunidad de llevarse un par de cajas que le facilita la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales. "Es el mejor recuerdo de mi vista a España".

EMILIO BENITO
EL PAIS