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sábado, 18 de junio de 2011

Zapatero prefiere agotar la legislatura, pero no descarta un adelanto electoral

José Luis Rodríguez Zapatero prefiere agotar la legislatura, pero no cierra la puerta a un anticipo electoral. "Mi deseo es adelantar...", dijo ayer, manteniendo durante un instante el suspense sobre la posibilidad de que estuviera a punto de dar una noticia bomba, "la recuperación económica y la creación de empleo. Eso es lo que quieren adelantar la mayoría de los ciudadanos". Respondía así a quienes, incluso desde su propio partido, le urgen a disolver las Cortes.

Sin embargo, al contrario que otras veces, Zapatero eludió descartar las elecciones anticipadas durante una breve rueda de prensa en San Petesburgo (Rusia). Lo razonable es que las elecciones se celebren en marzo, afirman en el entorno del presidente. Pero lo razonable no es siempre lo probable, ni siquiera lo posible.

El empeño de Zapatero por agotar los plazos legales responde a su deseo de culminar las reformas pendientes. "Nos queda mucho trabajo por hacer de aquí a las alecciones. Asentar la recuperación económica y ver cómo podemos crear empleo. Mi obligación casi exclusiva es concentrarme en esa tarea", afirmó ayer.

El presidente quiere sacar adelante la reforma de la negociación colectiva, el techo de gasto para las administraciones públicas o los presupuestos para 2012. Pero sabe que los grupos no votan pensando en el pasado, sino en el futuro, por lo que es muy difícil que le avalen unos presupuestos que él no va a gestionar. Tal vez por eso, en Moncloa restan importancia a que las elecciones se celebren en noviembre o en marzo, las dos fechas que se barajan. El propio Zapatero asume que el ajuste deberá proseguirlo el próximo ejecutivo, sea del color que sea, y pide "voluntad de acuerdo" a todos los partidos que aspiren a gobernar.

A Zapatero se le nota que está ya de salida. Se le ve relajado, más seguro de lo habitual en foros de este tipo. Dispuesto a reconocer incluso que una de las lecciones de la crisis es que no se puede crecer sobre la base del endeudamiento exterior, como hizo España durante su primer mandato.

El presidente intenta gestionar los meses que le quedan en La Moncloa, sean seis o diez. "Cada cosa a su tiempo", respondió ayer cuando se le preguntó cuándo dejará Alfredo Pérez Rubalcaba la cartera de Interior. Sus colaboradores aseguran que no tiene ningún problema con la bicefalia y que está dispuesto a ceder todo el protagonismo a quien es ya, según proclamó ayer la comisión de garantías del PSOE, candidato oficial a sucederle.

Preguntado por la manifestación convocada para el domingo por el 15-M, expresó su confianza en que se desarrolle pacíficamente, pero advirtió que "las reglas de la democracia no admiten excepciones" y que resulta "inadmisible la intimidación y la coacción a las instituciones representativas y a las personas que las encarnan", en alusión al cerco sufrido por el Parlamento catalán. Aunque entiende "la inquietud y zozobra" de muchos ciudadanos ante la dureza y duración de la crisis, subrayó que la democracia es el mejor sistema para la resolución de conflictos y que "sería un gravísimo error" renunciar ahora a las reformas, aunque sus resultados no sean todavía tangibles.

EL PAIS