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sábado, 13 de julio de 2013

¿Menos muertos, menos violencia?

l Gobierno mexicano anunció el jueves que el número de homicidios relacionados con el crimen organizado ha caído un 18% en los primeros siete meses de la presidencia de Enrique Peña Nieto (diciembre 2012-junio 2013) respecto del mismo periodo del año anterior pasando de 8.631 muertes a 7.110. El dato, siendo positivo, no marca aún una tendencia, en opinión de los expertos en seguridad, que enfatizan que el verdadero cambio está en la política de comunicación sobre la violencia de la nueva Administración del PRI. El debate, del que también forma parte la propia evolución de los carteles, no acaba sino de empezar.
Peña Nieto anunció desde su llegada al poder un cambio en la estrategia de seguridad orientada hacia la reducción de la violencia y de los delitos que más castigan a la población en general, como los secuestros y las extorsiones. La guinda del proyecto sería la creación deun nuevo cuerpo policial, la Gendarmería Nacional, basado en el modelo francés o en la Guardia Civil española. Sin embargo, siete meses después sus críticos consideran que el Gobierno sigue la pauta marcada por su antecesor, el expresidente Felipe Calderón, -cuyo signo más visible es que los militares continúan garantizando la seguridad en numerosos lugares o incluso han reforzado su presencia en algunos como en el Estado de Michoacán-, los delitos más comunes se resisten a bajar y la gendarmería no acaba de nacer.
“El Gobierno ha dicho cada día una cosa diferente sobre la gendarmería”, opina el investigador de la UNAM, Raúl Benítez. “Primero iba a ser un cuerpo autónomo con 10.000 agentes para enero de 2014. Luego dijeron que serían 5.000 y que supondrían un brazo de la Policía Federal. Después que 4.000. El hecho es que nadie ha recibido un entrenamiento específico para formar parte de ella ni ha habido ningún tipo de asesoramiento ni francés ni español. Es un proyecto tantas veces reformulado que sigue sin estar claro”, añade.
En cambio, el Gobierno del PRI sí dio un giro radical en la política informativa. Se acabaron las aparatosas presentaciones de detenidos y aprehensiones de droga televisadas por las distintas instancias del Ejecutivo –Ejército, Marina, Policía federal- del sexenio de Calderón. La Secretaría de Gobernación compartió meses atrás con los gobernadores de los Estados un documento titulado significativamenteNueva narrativa en materia de seguridad en el que se imponía no enaltecer la figura de los criminales y destacar la coordinación entre las diferentes fuerzas de seguridad.
La nueva narrativa ha tenido como efecto la casi desaparición de los hechos violentos en los medios de comunicación, sobre todo en televisión, lo que en opinión de Raúl Benítez, se refleja de momento en “una mejora de la percepción social de la seguridad al sacarlos de la pantalla, según las encuestas”. Y tiene la contrapartida, como señalan en el último número de la revista Nexos los analistas Alejandro Hope, director de seguridad del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) y Eduardo Guerrero, coordinador de Lantia Consultores, de que la combinación de violencia y silencio informativo genere más indiferencia en la opinión pública y menos urgencia para resolver el problema por parte del poder.
Las cifras del Gobierno apuntan a una tendencia a la baja con 869 homicidios en el mes pasado frente a 955 en mayo (una caída del 9%) o 1.148 en junio de 2012 (un 24% menos) y una reducción interanual del 18%. Sin embargo, Eduardo Guerrero argumenta que la moderada disminución del número de muertos ya comenzó en el último año de Calderón y que si se comparan el primer semestre de Peña Nieto con el último del ex presidente el descenso se reduce al 9%. Además, señala, la frecuencia de matanzas (incidentes en los que son asesinadas cuatro personas o más) continúa estable desde el verano pasado con 30 al mes.
Estadísticas aparte, también se han producido importantes cambios en lo que va de año en el panorama de la violencia. Esta se ha desplazado al centro del país, aumentando el número de homicidios, de acuerdo con los datos de Eduardo Guerrero, en Jalisco, sobre todo en el área metropolitana de Guadalajara, Guanajuato, Distrito Federal y Puebla, mientras que ha descendido en Estados del norte como Nuevo León, Coahuila o Baja California.
Asimismo ha variado su dispersión geográfica. El analista sostiene que en el último semestre del anterior Gobierno los homicidios se registraban en 217 municipios mientras que ahora son 237 los afectados. Por el contrario, fuentes de la Secretaría de Gobernación aseguran que “el 80% de los asesinatos se concentra en 196 municipios y casi la mitad de ellos en solo 25”.
También han evolucionado los carteles. Su número se ha reducido de 12 en 2011 a 9, pero han aparecido otros grupos, desprendidos de los carteles mayores –Sangre Zeta, Golfo Nueva Generación y Los Coroneles (escisión del cartel de Sinaloa), que operan de forma autónoma. En este contexto, tanto Raúl Benítez como las fuentes citadas de Gobernación subrayan la actual debilidad de Los Zetas, hasta ahora el grupo más sanguinario. “Están muy mermados, casi desintegrándose. Nunca tuvieron éxito en el tráfico de cocaína y por eso pasaron a emplearse en otros delitos”, afirma el investigador. Por su parte, Eduardo Guerrero, señala la ruptura entre el cartel de Sinaloa y el de Jalisco Nueva Generación como el principal factor de violencia en los próximos meses.
¿Menos muertos significan menos violencia? Alejandro Hope ha calculado que con una reducción anual del 8% en el número de homicidios se llegaría al final del sexenio, en 2018, a la aterradora cifra de 98.515 muertos frente a los 103.000 de Calderón. Un coste humano y político que parece inasumible para un presidente que prometió transformar México. EL PAIS