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martes, 14 de julio de 2015

Mercosur se reúne esta semana en Brasilia para seguir en la consolidación de la integración regional

( EFE).- La cumbre semestral que los cinco países del Mercosur celebrarán esta semana en Brasilia reunirá a una buena porción de la sopa de letras de la integración latinoamericana, que muchos aún consideran una quimera pese a sus numerosos organismos.
En la cumbre que se realizará los próximos jueves y viernes se espera a los presidentes de Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela, los cinco miembros plenos del bloque, pero también a los de Chile, Perú, Ecuador, Bolivia, Colombia, Surinam y Guyana, países que tienen estatus de Estados asociados al Mercosur.
Esos mismos doce países forman la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), suponen poco más de la tercera parte de los miembros de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) y en su gran mayoría también pertenecen a la Asociación Latinoamericana de Integración (Aladi).
Estos tres organismos han sido invitados a participar también en la Cumbre de Brasilia, así como representantes de otros mecanismos regionales, como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) o el Sistema Económico Latinoamericano y del Caribe (Sela).
Suramérica cuenta además con organismos financieros, como el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) y el Fondo Financiero para el Desarrollo de la Cuenca del Plata (Fonplata), y promete que este año finalmente comenzará a operar el Banco del Sur, que aún no funciona pese a que su convenio constitutivo data de abril de 2012.
Pese a esa multiplicidad de organismos, a los que se suman otras decenas, la integración de América Latina aún está en pañales y, de acuerdo a la Cepal, el intercambio comercial entre los países de la región representa sólo el 19% de sus exportaciones totales.
Esa tasa revela cuánto camino tienen por delante los procesos de integración regional, sobre todo si se contrasta con los datos de la Unión Europea (UE), cuyos socios exportan un 59% de sus productos a los países del mismo bloque.
En el caso del Mercosur, que nació hace 24 años con la meta de llegar a ser un mercado común, el llamado comercio “intrazona” sólo representa el 15% del intercambio global de sus cinco socios, que individualmente tienen como mayores aliados comerciales a Estados Unidos y China.
El bloque suramericano también tiene probadas dificultades para llegar a acuerdos con otros mecanismos de integración o países y desde su fundación sólo ha establecido tratados con Israel, India, Suráfrica, Egipto, Marruecos y el Consejo de Cooperación del Golfo, entre otras naciones y grupos que incluyen también a Palestina.
Para muchos analistas, el mejor ejemplo de esas limitaciones está en las dilatadas negociaciones con la UE, que se arrastran sin éxito desde hace casi dos décadas, un período en el que el bloque europeo logró acuerdos con casi todo el resto de América Latina.
Brasil, la mayor economía regional, se enfrenta ahora al fantasma de la recesión, apuesta por darle un nuevo empuje a esas tratativas y con ese fin pidió flexibilizar la norma que le impide a los socios del Mercosur negociar acuerdos comerciales en forma individual.
De hecho, ha habido una nueva aproximación y, en el marco de la última cumbre de la UE y la Celac, celebrada en junio pasado en Bruselas, delegados del Mercosur y el bloque comunitario acordaron intercambiar sus ofertas antes de fin de año.
Sin embargo, eso supondría el primer paso de un proceso todavía incierto, al punto de que ambos bloques ya llegaron a anunciar que presentarían sus respectivas ofertas en 2013, pero eso finalmente no llegó a ocurrir y las discusiones continúan pendientes hasta hoy.
La negociación con la UE será uno de los asuntos que el Mercosur tendrá en su agenda en la cumbre de esta semana, en la que también estará representada la Alianza del Pacífico, otro mecanismo regional que forman Chile, Perú, Colombia y México.
Brasil, Uruguay y Paraguay también desean una aproximación con ese bloque nacido en 2011 para ampliar sus horizontes comerciales, aunque para ello deberán vencer ciertos escollos “ideológicos” que aún persisten en Argentina y en Venezuela.