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jueves, 19 de febrero de 2015

Obesidad: historia de un fracaso

Cambios normativos y ambientales son muy importantes en la prevención del aumento de peso poco saludable, pero no pueden ayudar a las personas con obesidad severa a lograr una pérdida de peso sustancial, según informe publicado en «The Lancet». Sus autores proponendesplegar los nuevos tratamientos innovadores, estrategias de atención de salud e iniciativas destinadas a mejorar la atención de las personas que sufren de obesidad para luchar contra lo que ahora se ha convertido en una epidemia en todo el 
Obesidad: historia de un fracasomundo.
«Se estima que 600 millones de personas en todo el mundo sufren de obesidad, lo que representa una enorme carga tanto para los individuos como para la sociedad en general», señala William H. Dietz, de laUniversidad George Washington (EE.UU.).
«Nuestros hallazgos sugieren que debemos tomar medidas ahora para transformar la forma en la que se trata la obesidad, poniendo más énfasis en las colaboraciones, una mejor formación de los profesionales de salud y las iniciativas encaminadas a borrar el estigma que rodea a este trastorno de salud grave», añade este experto, cuyo artículo es parte de una serie sobre la obesidad publicada en la revista y presentada en la Conferencia de Investigación de Alimentación Saludable, que se celebra en Baltimore.

Sistemas caducos

Dietz y sus colegas llevaron a cabo una revisión de la literatura publicada entre 2000 y de 2013 sobre el tratamiento de la obesidad y llegaron a la conclusión de que los sistemas de atención sanitaria actuales son poco adecuados para la prevención y el tratamiento de la obesidad. Además, estos expertos encontraron que los profesionales de la salud no tienen la formación y las herramientas que necesitan para tratar este problema.
El informe dice que muchos profesionales de la salud expresan opiniones sesgadas hacia las personas con obesidad y que esas actitudes pueden afectar a la calidad de la asistencia sanitaria. «Muchos profesionales de la salud ven a las personas con obesidad como perezosos o carentes de fuerza de voluntad -relata Dietz-. La falta de respeto mostrada por algunos profesionales puede desalentar futuras visitas o retrasar la atención esencial que podría llevar a la pérdida de peso o la detección de enfermedades asociadas con la obesidad».

La investigación sugiere que la formación de los profesionales de la salud debe hacer hincapié en los factores biológicos complejos que contribuyen al desarrollo de la obesidad, que no tienen nada que ver con la fuerza de voluntad. Los autores instan también a los profesionales de la salud a examinar sus propias actitudes hacia la obesidad y centrarse en las nuevas herramientas basadas en pruebas que pueden ayudar a cuidar a las personas que sufren de obesidad.
Los proveedores de cuidados sanitarios también deben mantenerse informados sobre los últimos avances terapéuticos, incluyendo la terapia de comportamiento para cambiar la dieta y el ejercicio; los nuevos medicamentos o dispositivos que pueden amortiguar el apetito; y la cirugía bariátrica, que reduce el tamaño del estómago para ayudar a facilitar la pérdida de peso.
«Incluso una pérdida de peso de entre el 5 y el 10 por ciento puede conducir a una reducción en el riesgo de accidente cerebrovascular, la enfermedad cardiaca y la diabetes -subraya Dietz-. Los profesionales de la salud deben insistir en los beneficios de la pérdida de peso moderada y trabajar con sus pacientes para decidir el tratamiento más adecuado», añade.
Dietz y sus colegas sugieren que los esfuerzos futuros para mejorar la atención de la obesidad deberían integrar iniciativas clínicas y comunitarias. Este experto considera que existen pocos ejemplos de sistemas integrados, pero que la obesidad no se resolverá sólo con esfuerzos clínicos, por lo que cree que se necesitan mejoras complementarias en cuanto a la nutrición y la actividad física para prevenir la obesidad y aumentar y mantener la pérdida de peso
ABC