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domingo, 5 de junio de 2011

Humala sigue siendo ¿....?

EFE).- Dice que no es de derechas ni de izquierdas, sino nacionalista. Dice que no quiere estatizar la economía, pero sí dar más poder al Estado. Y dice que no está contra las empresas extranjeras sino a favor de las peruanas.

Así se ha pasado Ollanta Humala su campaña, disipando los miedos de quienes han visto en él a un peligroso “antisistema”, a un acólito de Hugo Chávez que iba a tirar por la borda el excepcional crecimiento económico peruano.

Ollanta Humala ya no es el que era en 2006, cuando se enfrentó con Alan García por la Presidencia del país; ha moderado su discurso y sus gestos y ha renovado su guardarropa para ponerse un terno azul en lugar del polo rojo.

No le fue tan mal en 2006, pues en la segunda vuelta obtuvo el apoyo de algo más del 47 % de los peruanos, pero lo cierto es que optó por el camino de la moderación y se trajo de Brasil a los asesores del expresidente Lula da Silva, cuyo modelo político y económico admira.

Sea o no obra de los asesores, lo cierto es que Humala ha pulido la rigidez militar que lo caracterizaba (no en vano pasó casi 25 años en los cuarteles) y ha perdido de paso el apelativo de “comandante” con el que le llamaban hasta casi anteayer sus propios allegados.

Sus enemigos políticos y el enorme aparato mediático que se ha puesto contra él durante la campaña sostienen que es una cuestión de estrategia y que en realidad la piel de cordero no puede encubrir el lobo que se encuentra agazapado y manejado cual marioneta desde Caracas o La Habana.

Si Ollanta no es en lo personal un izquierdista, no puede negar que toda la izquierda peruana se ha puesto tras su candidatura con todas las banderas clásicas del progresismo: sindicalistas, grupos pro derechos humanos, ecologistas, feministas y hasta la denostada “izquierda caviar”, la que discursea contra la pobreza con una copa de champán.

Sabiendo que tiene ganada a toda la izquierda, el nacionalista se ha preocupado de labrarse un rostro que pueda complacer también a la derecha: además de abundantes imágenes de “familia feliz” con su joven esposa Nadine y sus tres hijos, Ollanta no se ha privado ni de una fotografía con el ultraconservador Arzobispo de Lima, Juan Luis Cipriani (miembro del Opus Dei), con rosario en mano.

Sigue dando miedo

Ha suavizado los gestos, ha escondido el puño y las chalinas rojas, ha matizado su programa izquierdista y ha callado las palabras más combativas, y sin embargo sigue dando miedo. ¿Por qué?

Según todos los analistas, los principales medios de comunicación han hecho lo indecible por desmentir todos los esfuerzos de moderación del candidato nacionalista y han repetido hasta la saciedad que va a poner al Perú en la senda venezolana, va a ahuyentar a los inversores y va a trastocar todas las reglas de juego.

El mensaje ha calado entre peruanos de todas las clases sociales, pero especialmente de las altas y medias (segmentos A, B y C en el argot local), aquellos que en la primera vuelta optaron por otros candidatos distintos a Humala o Fujimori.

Pero el mensaje de moderación sí ha convencido, al menos en parte, a personalidades como Mario Vargas Llosa o Alejandro Toledo, que han pedido públicamente el voto por “el guerrero que todo lo mira”, que es el significado del nombre incaico de Ollanta.

Cuentan que su padre lo educó para ser presidente y por ello pasó primero por los cuarteles, pues durante gran parte de la historia peruana el cuartel era el camino más rápido al Palacio Presidencial. Hoy los tiempos han cambiado y el único camino, rápido o no, pasa por las urnas. Para Ollanta Humala, este ya es su segundo intento.