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domingo, 5 de junio de 2016

"Gane quien gane va a ser igual, no hay programas distintos”

Luis Millones es un antropólogo e historiador peruano, profesor emérito de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, recurrente investigador en los archivos de Sevilla y de universidades estadounidenses, y apasionado por el trabajo de campo y el fútbol europeo a sus 75 años. Está por presentar en Lima un libro en coautoría con el académico mexicano Alfredo López Austin llamado 'Los mitos y sus tiempos'. En la entrevista con EL PAÍS se declara escéptico hacia los cambios que pueda lograr quien llegue a la presidencia tras las elecciones de este domingo.
El historiador Luis Millones.Pregunta: ¿Ve cierto dramatismo en esta campaña?
P. ¿Los dos son iguales?Respuesta: Hay demasiado show con respecto a la decisión final. En realidad es predecible lo que pasará, porque en ambos casos no hay un programa radicalmente distinto. Gane quien gane va a ser igual. La tristeza es por las mentiras habituales de las promesas electorales porqueen ninguno de los programas hay ningún plan acerca de cultura o educación, en ninguno de los dos equipos hay voceros que hayan mencionado el tema con alguna seriedad. Los diarios dan un ámbito teatral al asunto de baja categoría, de espectáculo. ¿Y si remontara (Pedro Pablo Kuczynski) que podría hacer un presidente con un parlamento en contra?
R. Es más o menos el tratamiento que hemos tenido de los anteriores presidentes. Lo que nos han ofrecido los grupos parlamentarios en gobiernos anteriores es patético. El problema es el nivel de educación: las humanidades y ciencias sociales han desaparecido de la educación primaria y han sido reemplazados por un curso que se llama comunicación. No hay comprensión de lectura ni costumbre de leer, y escribir, ni siquiera entre los padres de la patria. ¡Y hay cientos de universidades! Hace pocas semanas nos invitaron a mí y a un colega suizo especializado en José María Arguedas (escritor peruano) a dar una charla para el último año de turismo y ciencias sociales en una de estas universidades. Preguntó ¿qué libro de Arguedas han leído? Silencio sepulcral.
P. ¿Hace cuánto es así?
R. Antes la clase media o alta iba a las universidades nacionales, pero ahora las privadas son empresas de lucro y los docentes dependen de la inversión de quien entra a una universidad, depende del número de alumnos y los estándares de ingreso se han caído. A los profesores les presionan para que aprueben a todos.
P. ¿La indiferencia hacia el autoritarismo viene de largo?
R. Siempre es más fácil gobernar gente ignorante. La elección no es una prueba de raciocinio, sino la visualización de algún sentimiento o de la tradición familiar.Mi papá es fujimorista, o aprista, entonces la familia es aprista, o al contrario. El tema se resuelve irracionalmente. Hay una larguísima tradición autoritaria. Por supuesto una de las razones que dan es la búsqueda de una sensación de seguridad. Este es un país con una profunda división de clase, un sector mayoritario vive a las justas, al borde de la miseria, la inseguridad lo cubre, vive con temor y una inseguridad que explota. Y la delincuencia tiene carácter internacional, con el narcotráfico.
R. Esta miseria no es nueva, pero se han creado falsas esperanzas. Por ejemplo, tener ciento treinta y tantas universidades es la forma de tener más ignorante al pueblo. Crean la ficción de tener un título y creen que pueden obtener trabajo. Todas estas nuevas universidades enseñan administración de empresas, pero no hay tantas empresas. Hay familias provincianas que han salido de la pobreza pero los chicos que estudian administración en estas universidades están condenados al fracaso.P. ¿Es una sociedad desarmada que busca seguridad en Fujimori?
P. El empequeñecimiento del Estado, la desafección del electorado, el bajón en la educación ¿cuál es el factor predominante?
R. Todo está vinculado. El Estado ha perdido representatividad y a lo largo del tiempo al perder la capacidad de sostenerse, gira hacia el poder de la empresa privada, busca la anuencia de ellos, lo hemos visto en Humala. Si una compañía necesita instalar unos cables, atravesando diferentes municipalidades, la fórmula de gestión habitual es sobornar al alcalde. Ya no se trata solamente de otorgar permisos, sino también de ingresos para el alcalde y la corrupción: la droga entra en el mismo paquete.
P. ¿El crecimiento económico no cambió nada?
R. Bueno: hay un sector que vocea que ha crecido, una clase media emergente.Un ejemplo bien claro es el crecimiento de asociaciones provincianas y su capacidad económica, son 6.000 en Lima. En el total del Perú esa clase media no significa nada en términos estadísticos, pero sí hace opinión y la transmite. Pero no todos llegan a hacer su América. El crecimiento de la delincuencia está ligado en cierta manera a ello, está bien organizado, y también está el problema del maltrato a la policía.
P. ¿Se llega con una sociedad muy rota a estas elecciones?
R. Sí: estoy convencido de eso. Y es innegable que está rota porque no tiene capacidad de reflexión.
P. ¿Perú se puede salvar?
R. Siempre hay que pelear. Hay que decirlo en voz en cuello todo el tiempo: “está mal, está mal”. Y los académicos no siempre tenemos tribuna, competimos en los medios con Gisela, Magaly (animadoras de realities). Hasta que me muera estaré llamando la atención sobre la realidad compleja. Aunque no me ponga eufórico en esta entrevista y en otras sobre la realidad del Perú, es lo que pienso, no creo que de manera inmediata vaya a haber un cambio EP