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martes, 24 de enero de 2012

La brecha de la monogamia: “Los hombres engañan a su pareja aunque quieran seguir con ella”


La monogamia, ya sea en el matrimonio o como relación de pareja, es el único tipo de relación sexual que el conjunto de la sociedad acepta abiertamente.

Pero, pese a que la mayoría de hombres y mujeres quieren tener una sola pareja -buscan ser monógamos-, la infidelidad es una práctica habitual, socialmente mal vista, pero extendida y común. ¿Por qué engañamos a nuestras parejas si en realidad queremos seguir con ellas?

La Universidad de Bath, de Reino Unido, ha publicado un estudio titulado La infidelidad y la monogamia entre los hombres heterosexuales universitarios, en el que se plantea las razones por las que los hombres engañan. De los 40 estudiantes entrevistados, todos ellos con una pareja estable con la que llevaban más de tres meses, 26 habían engañado a sus parejas de una u otra forma, pero ninguno quería que ellas se enterasen.

Siga leyendo el texto completo publicado en El Confidencial:
La razón es siempre la misma. Aunque los entrevistados seguían amando a sus parejas, les habían engañado solo por cuestiones sexuales, pues el deseo hacia otras mujeres no había desaparecido. 
El doctor y profesor Eric Anderson, autor del estudio y escritor del libro de inminente publicación The Monogamy Gap (“La brecha de la monogamia”, Oxford Press), cree que la monogamia no es algo natural y, aunque la mayoría de hombres y mujeres pueden convivir con ello durante mucho tiempo, lo que sustenta su existencia es un “deseo social”, no natural. “La naturaleza no ha diseñado a los hombres para ser monógamos”, explica el profesor, “la cultura puede intentar ocultar esto, pero a la larga falla”. “Soy hombre y quiero tener sexo con otras mujeres, pero no debo”, es lo que contesta uno de los entrevistados sobre la infidelidad, y es lo que piensan la gran mayoría de los hombres con pareja.

La brecha de la monogamia

Anderson ha creado el concepto “monogamy gap” (algo así como “la brecha de la monogamia” en español), para definir un determinado punto en la relación de pareja en la que el hombre deja de sentirse sexualmente satisfecho. Según el autor británico, “en torno a los seis meses el sexo se vuelve rutinario”, y a partir de este punto el hombre quiere tener relaciones con otras mujeres. 
Es entonces cuando aparece la brecha entre lo que el hombre quiere moralmente, “producto de su condicionamiento social”, y lo que quiere somáticamente, “producto de sus deseos naturales”. “Esto provoca una tensión psicológica en el hombre”, explica Anderson, “que encuentra en el engaño a su pareja una solución razonable y racional”. Después viene el sentimiento de culpa, seguido del miedo a ser descubiertos. “No puedo olvidar lo que hice”, explica uno de los jóvenes entrevistados en el estudio, “si se lo cuento seguro que me deja”.
Pese al miedo y la culpabilidad, la infidelidad es lo único que permite a los hombres mantener la apariencia de que son decentes y morales mientras satisfacen sus deseos de tener relaciones sexuales con otras mujeres. “La brecha de la monogamia”, tal como la entiende Anderson, aparece cada vez más pronto, debido a que se tiene sexo antes y con más frecuencia, a lo que hay que sumar una oferta pornográfica ilimitada, a la que se accede muy fácilmente.

El matrimonio no sirve como cortapisa a la infidelidad

Parece que los jóvenes son propensos al engaño, ¿y los hombres casados? El doctor Anderson lo tiene claro: “La biología del hombre no cambia cuando se ponen un anillo de matrimonio”. “Quizás engañan con menos frecuencia”, explica el doctor, “pero es porque es más difícil -están más vigilados y sus cuerpos pierden valor sexual-, no porque no quieran hacerlo”. Los datos confirman que la infidelidad es algo común y generalizado. La última encuesta seria al respecto sobre actitudes y prácticas sexuales, realizada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) en 2008, apunta a que el 20% de los españoles, hombres y mujeres, han tenido alguna relación sexual extra-matrimonial. 
El porcentaje aumenta al 61%, en relación a aquellos que se han sentido, alguna vez, atraídos sexualmente por otra persona distinta de su pareja. 
¿Si la infidelidad es algo habitual, por qué está tan mal vista? En opinión de Anderson, se han invertido muchos esfuerzos en retratar a los hombres que engañan como “dañados psicológicamente, inmaduros o degenerados”, pero en realidad “los hombres que engañan sólo están buscando sexo, que es lo que desean de forma natural”. “Si los hombres son inmorales por engañar”, sentencia, “entonces la mayoría de ellos son inmorales”.

¿Está la monogamia en vías de extinción?

Pese a lo que expone Anderson en su estudio y su libro, la monogamia está lejos de ser erradicada como la única forma de relación sexual socialmente aceptable. El CIS estimó en 2008 que un 78,6% de los españoles mayores de edad tienen una pareja estable, y un 74,9% piensan que la fidelidad total es imprescindible para que una pareja pueda funcionar bien y ser feliz. 
Anderson no cree que la monogamia sea en conjunto perniciosa para la sociedad, pero sí cree que la concepción generalizada de que es la única forma de relación sexual válida no nos hace más felices, sólo hace que nos engañemos a nosotros mismos. 
¿No tiene nada bueno? “Tiene algunas ventajas”, reconoce el profesor, “nos salva de un pánico continuo al rechazo y funciona bien para aquellos que tienen un bajo deseo sexual”. “Lo que pido”, aclara el profesor, “es que las relaciones abiertas sean igual de aceptadas que la monogamia”. “Esta es la única manera de que la sociedad permita a los individuos explorar lo que funciona mejor para ellos”, concluye.