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viernes, 13 de julio de 2012

Casi 3.000 desplazados del Cauca sufren los rigores del enfrentamiento entre las Farc y el Ejército


EFE).- Las acciones guerrilleras, los enfrentamientos y los bombardeos del Ejército han causado en los últimos días el desplazamiento forzoso de más de 2.800 indígenas y mestizos, quienes se han visto obligados a abandonar sus hogares en el convulso departamento colombiano del Cauca.
La mayoría, unos 1.500, son vecinos de El Mango, aldea rural de la localidad de Argelia, adonde el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) envió una primera remesa de 14 toneladas de asistencia humanitaria.
El Mango ha sido una de las áreas más afectadas por las recientes acciones armadas, que han dejado en la última semana al menos tres muertos y una quincena de heridos civiles.El subdelegado del CICR en la ciudad de Cali, Benno Kocher, informó hoy de que esta ayuda está constituida por alimentos, artículos de aseo y material para la reconstrucción de casas en esta aldea, donde los civiles han sufrido los rigores de la confrontación entre las fuerzas de seguridad y la guerrilla de las FARC.
Dos de las víctimas mortales tripulaban una aeronave de la Fuerza Aérea Colombiana(FAC) que los insurgentes dijeron haber derribado el miércoles pasado con su “fuego antiaéreo” en las montañas de Jambaló, versión consideraba improbable por el presidente Juan Manuel Santos y los altos mandos castrenses.
En El Mango, “74 viviendas recibieron impactos mayores que las hacen inhabitables”, advirtió el responsable regional del CICR.
“Nos preocupa la afectación psicológica de la población y el gran número de personas que no tiene adonde volver una vez se normalice la situación, pues muchas perdieron sus casas tras los combates”, expresó Kocher a través de un comunicado.
La preocupación del CICR es compartida por las autoridades de las localidades afectadas por la actividad armada y de líderes del pueblo de los nasas o paeces, etnia mayoritaria en el norte del Cauca, con casi 100.000 personas, y que se ha propuesto desalojar de su territorio ancestral a las fuerzas de seguridad y a los rebeldes.
El alcalde de Toribío, el nasa Ezequiel Vitonás, dijo hoy a Efe por teléfono que, en su municipio, el éxodo mayor se ha dado entre familias mestizas de la zona urbana que tradicionalmente han controlado el comercio.
Unas cien familias, conformadas por medio millar de personas, han salido con destino Santander de Quilichao y Caloto, poblaciones del Cauca, y también a Cali, la capital del vecino departamento del Valle del Cauca.
“Mestizos que vivían del comercio en el pueblo han emigrado rápidamente, por temor”, insistió Vitonás, quien actuó de anfitrión el pasado miércoles cuando el presidente Santos visitó Toribío y celebró en esa población un consejo extraordinario de ministros para analizar la crisis.
La marcha masiva de los comerciantes ha hecho que sus negocios hayan sido adquirido por los nasa o paeces, una etnia rural y sin tradición comercial.
Santander de Quilichao, que sirve de sede a la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (Acín), acoge a otros 800 desplazados de varias localidades de la etnia de los nasas.
Uno de los consejeros mayores de la Acín, Carlos Andrés Alfonso, indicó a Efe, también por teléfono desde Santander de Quilichao, que este pueblo vivía hoy una tensa calma.
Pero “son muy delicadas las circunstancias en las que nos estamos moviendo”, admitió Alfonso, cuyo etnia se ha declarado en “resistencia permanente” contra los “actores del conflicto”.
Este consejero de la Acín manifestó que la Guardia Indígena, cuerpo de seguridad de los nasas armado con simbólicos bastones de madera, continuará en su tarea de retomar el “control territorial” en sus asentamientos.
Es una campaña para expulsar a militares y guerrilleros de los resguardos indígenas, que ya han iniciado con el desmonte de tres barricadas policiales en el casco urbano de Toribío y el desalojo de las tropas del Ejército en una base cercana a esta aldea, en las montañas del Cauca.
Los aborígenes también han obligado a los guerrilleros a retirarse de dos carreteras en las que mantenían controles de tráfico y ahora buscan contactar con los mandos regionales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) para exigirles que abandonen su territorio.