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lunes, 21 de septiembre de 2015

La policía cubana impidió el intento del Papa por saludar a los disidentes

Los disidentes cubanos contemplaron de nuevo cómo un Papa pasaba de largo por La Habana. Ni Francisco los mencionó en sus discursos, ni intentó reunirse con ellos, ni siquiera prosperó la tímida iniciativa del nuncio del Vaticano en Cuba, Giorgio Lingua, para que dos veteranas opositoras al régimen —la economista Martha Beatriz Roque y la periodista Miriam Leiva— saludaran de pasada a Jorge Mario Bergoglio en la Catedral. Hasta en dos ocasiones —el sábado y el domingo—, la policía cubana detuvo a las activistas cuando intentaban acercarse a la comitiva papal. De igual forma, un joven disidente que logró acercarse al papamóvil y dirigir algunas palabras a Bergoglio en la plaza de la Revolución fue apartado con contundencia por agentes de la gendarmería vaticana y de la policía cubana.
La determinación del régimen de Castro a impedir, por las buenas o por las malas, cualquier contacto de la disidencia con Bergoglio quedó claro en la mañana del domingo, cuando agentes de paisano arrestaron a un grupo de jóvenes que lanzaban octavillas y gritaban contra el régimen. La cadena Univisión logró captar el momento en que un activista logra acercarse al papamóvil. Tras un primer momento en que el Papa escucha al joven y pone una mano sobre su cabeza, el jefe de la gendarmería vaticana lo agarra por el cuello con contundencia, lo aparta del papamóvil y lo entrega a los agentes cubanos.Por la tarde, el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, admitió que Bergoglio no había intentado mantener una reunión formal con los grupos disidentes, pero que sí se produjo una iniciativa de la nunciatura encaminada a que Bergoglio pudiese saludar “de pasada” a algunos opositores. Los contactos informales tendrían que haberse celebrado el sábado en la sede de la legación vaticana —residencia de Francisco durante su visita a La Habana— o el domingo durante un acto del Pontífice en la Catedral, pero la policía bloqueó ambos tentativos. El sábado lo logró deteniendo a las activistas en sus casas, y el domingo interceptándolas cuando, por diferentes caminos, Martha Beatriz Roque y Miriam Leiva trataban de acceder a la Catedral. “Los agentes me dejaron claro que no me iban a permitir acercarme al Papa”, explicó Roque.
La actitud de Bergoglio hacia los disidentes está resultando, como mínimo, chocante. A nadie se le escapa que la labor de intermediario entre Raúl Castro y Barack Obama que ha asumido el Papa en particular y la diplomacia vaticana en particular requiere de un tacto especial para no molestar al Gobierno cubano en una cuestión tan sensible como la disidencia. Pero extraña que un Papa que predica cercanía con los que sufren haya pasado por La Habana sin nombrar siquiera a los disidentes ni poner un pero al régimen de Fidel y Raúl Castro.EL PAIS