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sábado, 11 de junio de 2011

Alfonso Cano dice estar “optimista” sobre eventual diálogo con el actual gobierno colombiano

(dpa) - El principal jefe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Guillermo Sáenz, alias “Alfonso Cano”, aseguró en una entrevista publicada hoy por el rotativo español “Público” que es “optimista” sobre la eventual posibilidad de lograr el diálogo con el actual gobierno de Juan Manuel Santos.

Si bien el actual gobierno impuso una ley que cierra la puerta al diálogo, observa Cano, las FARC son optimistas de encontrar una vía que lleve a una “solución incruenta del conflicto”, según declaraciones entregadas al periódico el 21 de mayo de este año.

“(…) siempre será posible construir escenarios e iniciar conversaciones directas de horizontes ciertos, con cualquier gobierno, incluyendo al actual”, destaca Cano, que critica además las operaciones llevadas adelante por el gobierno del antecesor de Santos, Álvaro Uribe.

En lo que se refiere a una de las operaciones contra las FARC que más repercusiones ha tenido en los últimos años, Cano hizo referencia a la información tomada del disco duro del abatido guerrillero Raúl Reyes.

Cano, en lo que es una extensa entrevista, subraya que las presuntas informaciones tomadas del disco duro y dadas a conocer no son más que una “manipulación”, “si es que hubo (un disco duro) luego de semejante infierno de explosiones”, acota.

Además, reivindica la lucha de las FARC por una “participación ciudadana” que logre un “encause (de) Colombia hacia el socialismo”, en el marco de lo que sus filas entienden como una “respuesta campesina y popular a la agresión latifundista y terrateniente que inundó de sangre los campos colombianos usurpando tierras”.

Al interrogante de por qué las FARC hacen uso de armas prohibidas por el derecho humanitario, el líder guerrillero respondió que sería ridículo evaluar las armas utilizadas por sus fuerzas desde dicha perspectiva, ya que las FARC se encuentran en gran inferioridad de condiciones con respecto a las fuerzas oficiales, que las atacan “en una proporción de 100 militares por cada guerrillero”.