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miércoles, 4 de febrero de 2015

Biomarcadores: un cáncer con nombre y DNI

Se calcula que una cada dos personas nacidas hoy en España será diagnosticada de cáncer a lo largo de su vida pero gracias a los avances en cribado, diagnóstico precoz y a la mejora de los tratamientos se espera que la mortalidad siga disminuyendo. Afortunadamente, a pesar del aumento del número de pacientes diagnosticados de cáncer, la mortalidad está disminuyendo en la mayoría de tumores, asegura Pilar Garrido, presidenta de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM). Y esto se debe, entre otras cosas a los avances en el tratamiento, pero también a las medidas de prevención y diagnóstico precoz.

Biomarcadores: una cáncer con nombre y DNIInmunoterapia

Y es que en los últimos años una gran esperanza para el tratamiento del cáncer se ha abierto en el campo del tratamiento inmunológico contra el cáncer, la inmunoterapia, explica el oncólogo Javier de Castro, del Hospital Universitario La Paz-IdiPAZ. «Se ha descubierto que el sistema inmunológico fracasaba en el reconocimiento del tumor porque ponía en funcionamiento mecanismos de bloqueo de las células del sistema inmunológico encargadas de la vigilancia, lo que convertía al tumor en cierta manera en ‘irreconocible’ y no ser visto como una amenaza, y por tanto, no podía ser eficazmente identificado y controlado».
De alguna forma, continúa, el tumor pone en marcha los mecanismos que bloquean la respuesta inmunológica. «Estos mecanismos son fundamentales, en condiciones normales, para impedir que el sistema inmunológico esté permanente activo produciendo una respuesta constante que llevaría al organismo a una permanente activación inmunológica anómala. Dichos mecanismos de control del sistema inmunológico, denominados ‘inmune check-points’ hacen que la célula entre en periodos de “anergia” fundamentales para el control de la respuesta inmunológica». Y, explica, cuando esta respuesta está constantemente activada se producen las enfermedades autoinmunes y las alergias que no serían nada más que enfermedades producidas por una continua activación del sistema inmunológico. «Por tanto, la presencia de los 'inmune check-points' evitaría esta constante estimulación de la respuesta inmunológica; sin embargo, el cáncer pondría en funcionamiento estos mecanismos de control inmunológico para evitar ser reconocido por el sistema de defensa del organismo».
Pero ahora ya se sabe que el tumor bloquea estos sistemas de reconocimiento y control inmunológico situados en las principales células del sistema inmunológico, los linfocitos, a través de una interacción directa o indirecta, pero también que es posible utilizar medicamentos –anticuerpos- que activan estos linfocitos fundamentales para la defensa directa contra el tumor, o que bloquean la interacción que se establece entre los linfocitos, la célula tumoral y otras células del sistema inmunológico. Así, subraya, «en la medida que se rompe esta unión, se libera al linfocito que será capaz de reconocer y atacar a la célula tumoral». De hecho, la inmunoterapia es ya una realidad en el tratamiento del melanoma, pero además se están obteniendo resultados muy alentadores en otros tumores como el cáncer de pulmón. «Estamos ante una nueva vía de tratamiento contra el cáncer que puede suponer una revolución».

Biomarcadores

Cuando se habla de cáncer no se hace de un único tipo de enfermedad, sino de un abanico de procesos tumorales con características diferenciales. Incluso cuando los oncólogos creen que se está ante dos tumores que parecen iguales porque se originan en un mismo tejido u órgano o cuando parecen idénticos desde el punto de vista clínico o microscópico, son dos entidades completamente diferentes que pueden tener un comportamiento biológico radicalmente opuestos.
Además, en los últimos años los oncólogos han aprendido que no todos los cánceres se comportan de la misma forma ni responden a los mismos tratamientos, incluso aunque tengan el mismo origen o tengan características clínicas o patológicas parecidas. «Así, hemos sido capaces de identificar algunos factores, llamados biomarcadores, que puedan diferenciar a los distintos tipos de cáncer que sabemos van a tener una evolución o un tratamiento concreto».
Es decir, señala De Castro, un biomarcador tumoral sería el equivalente a poner apellidos al tumor y así lograr una mayor personalización del tipo de enfermedad que padece el paciente y de la estrategia terapéutica a seguir. «En España hay millones de Josés y de José Garcías también, pero si somos capaces de identificar a un tumor por su nombre, sus dos apellidos y su DNI seguro que damos con la persona concreta. Así estamos personalizando el cáncer».

Personalizando el cáncer

Afirma el oncólogo del IdiPAZ que actualmente dispone de biomarcadores para seleccionar algunos de los principales tipos de cáncer, como los de pulmón, mama, colon, o de otros menos comunes, como el melanoma, pero donde la identificación de biomarcadores ha supuesto una auténtica revolución de su tratamiento. «Por desgracia, hay muchos tumores donde todavía no hemos conseguido encontrar el biomarcador adecuado», reconoce. Por ello, añade, el impulso investigador en este campo es crucial. «Además, la incorporación de biomarcadores a la asistencia supone un reto y un gran esfuerzo ya que es necesario desarrollar las técnicas adecuadas, hacer posible que todos los pacientes y sus oncólogos desde cualquier punto del país puedan tener acceso a ellas y una dotación económica en personal y material fundamental para su realización». En este sentido, afirma que la SEOM es consciente y está trabajando en la creación de «plataformas de desarrollo de biomarcadores» para que todos los pacientes, con independencia del hospital donde sean tratados, pueden acceder a su detección.
Y contrariamente a lo que se cree, el coste de los biomarcadores «no es elevado», señala De Castro. En la mayoría de los casos son estudios que pueden costar entre 200 y 400 euros y solo cuando es preciso realizar varios test genéticos o se emplean plataformas que tratan de analizar múltiples anomalías genéticas, su precio puede incrementarse hasta varios miles de euros. Sin embargo, sostiene, «incluso en estas circunstancias, su rentabilidad es alta ya que ofrecen información muy valiosa sobre la evolución de un proceso tumoral, lo que nos puede dar información sobre el pronóstico de la misma, o nos puede ayudar a identificar el tratamiento dirigido más adecuado».

Nuevo modelo sanitario

De Castro cree que este cambio de «paradigma en el tratamiento del cáncer» debe llevar consigo un «nuevo modelo de estrategia de planificación sanitaria». Es indiscutible, asegura, que puede conllevar un incremento del gasto farmacéutico o de los estudios moleculares pero, al mismo tiempo, implicará un «tratamiento más eficaz» con lo que ello supone: aumento de la supervivencia, evitar tratamientos fútiles, reducir efectos secundarios, reincorporar a los enfermos en el sistema productivo, reducir ingresos hospitalarios, etc.
De esta forma, gracias a los avances científicos y técnicos como la medicina de precisión, las nuevas estrategias de prevención, las mejoras en los tratamientos y en el manejo de los efectos adversos, esperamos que en los próximos 20 años se produzcan más cambios en la atención oncológica que en los últimos 50 años.

Racionar no, racionalizar sí