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viernes, 9 de octubre de 2015

ECONOMIA

Brasil acapara la preocupación en la cumbre del Fondo Monetario

En el Teatro Nacional de Lima, abarrotado de gente de arriba abajo, el impulsivo periodista de la cadena estadounidense CNN Richard Qest preguntó a Joaquim Levy, ministro de Economía brasileño, sentado al lado de la presidenta del FMI, Christine Lagarde: “¿Y cómo va a salir su país de la recesión?” La respuesta (“no es una crisis como la de hace décadas, la estamos digiriendo, nos apoyaremos en las infraestructuras…”) era menos importante que la pregunta misma, que el hecho de que todos, en la Reunión anual delFondo Monetario Internacional y del Banco Mundial en la capital peruana, se estén preguntando lo mismo: ¿Qué le pasa a Brasil? ¿cómo sale de esta?
El ministro de Finanzas brasileño, Joaquim Levy, el jueves en Lima (Perú)La primera potencia económica latinoamericana —y su creciente y acelerado desmoronamiento— se ha convertido en uno de los protagonistas de este foro internacional por el que pasan —o en el que se fijan— los poderes financieros del planeta. La misma presidenta del Fondo Monetario se refirió a Brasil en su rueda de prensa y recordó que el país retrocederá este año un 3% y que se espera que el año que viene lo haga en un 1%. Luego añadió que buena parte de los problemas de la potencia latinoamericana no son puramente financieros, sino “de gobernanza”.
También los mercados tienen su ojo colocado en la crisis brasileña. Y con temor. La gestora de fondos Rabeco, por ejemplo, augura un futuro preocupante: “Si las empresas brasileñas no pudieran encontrar crédito internacional, no lo encontrarán tampoco a nivel local, ya que no hay suficiente volumen para absorber las necesidades financieras. Así que si no vemos en el próximo par de meses una solución plausible a la cuestión fiscal, existe el riesgo de una crisis crediticia que afecte a las empresas de Brasil”.
La “cuestión fiscal” es, en resumen, la necesidad de la presidentaDilma Rousseff, del PT, de que el Parlamento, en el que su partido se encuentra en minoría, apruebe una batería de medidas de ajuste impulsadas, precisamente, por el ministro Levy. A pesar de que la presidenta ha llevado a cabo una renovación ministerial para contentar a sus aliados en el Congreso, las medidas de ajuste siguen sin aprobarse.
Lo que sí es seguro es que el mismo desarrollo de la causa debilitará más políticamente a un Dilma Rousseff que ya cuenta con una aprobación raquítica (menos del 10%), y cuyos aliados a la derecha, el Partido do Movimento Democrático Brasileiro (PMDB) son particularmente volubles e inestables. Desde la izquierda, los miembros más socialmente comprometidos del Partido de los Trabajadores critican, por su parte, la deriva de ajustes y austeridad que Rousseff y su ministro de Economía llevan a cabo. Todo esto, claro está, merma la ya de por sí mermada desconfianza de los mercados, los inversores extranjeros y frena la demanda interna, auténtico motor económico en los años anteriores.Mientras, y para aumentar más el embrollo, el Tribunal de Cuentas de la Unión brasileño rechazó el pasado miércoles los balances del Gobierno de Rousseff durante 2014. A juicio de los jueces, el Ejecutivo de la presidenta –que fue reelegida en octubre pasado y que Gobierna desde 2010- maquilló las cuentas para esconder el déficit público, cosa que es delito en Brasil. La resolución de los jueces impulsa la petición de destitución parlamentaria (impeachment) propulsada por un sector de la sociedad contra Rousseff. El desenlace jurídico es impredecible. Muchos especialistas aseguran que el proceso no acabará en impeachment, aunque nadie sabe con certeza lo que ocurrirá. Al mismo ministro de Economía brasileño se lo preguntó el jueves el periodista Richard Quest. Levy respondió sinceramente: “No lo sé”.
Lo dice el propio FMI —poco amigo de juzgar políticamente a los países que examina— en su informe sobre América presentado el miércoles, donde reserva un espacio al caos brasileño. Otro signo más de la singular importancia que Brasil ha desempeñado en esta reunión de Lima: "Ha habido una investigación por corrupción de amplio alcance en la principal empresa petrolera de Brasil, Petrobras. Se han producido denuncias sobre irregularidades en la financiación de la campaña de la elección presidencial de 2014 y la evaluacón del Tribunal de Cuentas pone en duda las cuentas públicas de 2014. Todo esto ha activado una gran crisis polìtica". Y concluye: "La interacción de la crisis política con la crisis económica ha elevado la incertidumbre y ha conducido la confianza de los consumidores y de las empresas a niveles mínimos históricos”.
También el economista jefe del Banco Mundial, Augusto de la Torre, se refirió el martes a Brasil y a su incertidumbre política: "Los datos macroeconómicos no explican una recesión tan profunda".
EL PAIS