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viernes, 9 de octubre de 2015

Para víctimas del alud de Guatemala “es tarde” para buscar responsables

ALUD
Algunas víctimas de la mayor tragedia natural vivida en Guatemala este 2015, el alud que hace una semana arrasó con un asentamiento en El Cambray II y dejó hasta 249 muertos, están convencidas de que ya “es tarde” para encontrar a los posibles responsables de un dolor que una investigación no calmaría.
Esta situación es la que han explicado a Efe varios de los damnificados, que solamente piensan en darle “cristiana sepultura” a sus seres queridos, muchos de ellos aún entre los 300 desaparecidos que dejó la tragedia, según cifras oficiales.
María Luisa, una joven de 28 años, relató su calvario personal, puesto que ella perdió a más de 20 familiares y en este momento cuatro de ellos continúan desaparecidos debajo de las toneladas de tierra que masacraron a esta población, situada en la municipalidad capitalina de Santa Catarina Pinula.
Después de salir de la morgue que las autoridades han instalado para identificar a los muertos, esta mujer contó que desde el pasado jueves asiste cada día para comprobar si sus parientes han sido encontrados, eso sí, “cada vez con menos ánimo”.
Perdió a tíos y primos, y para ella ya nada importa. “Ya todo pasó, ya perdimos lo que ya perdimos, y no por gusto. Para mi forma de pensar ya no sirve de nada (una investigación). Ya se fueron nuestros seres queridos”.
Esta mujer, que vivía solo a cinco casas de la zona cero, sostuvo que nadie los avisó del peligro y que ahora “todo ahí quedó”.
Decenas de carteles dibujados por niños recuerdan, en la zona donde se amontonan los cadáveres, cómo era El Cambray II antes del infortunio, con imágenes paradisíacas en las que el sol brillaba y la gente se veía feliz, con unas amplias sonrisas de oreja a oreja.
“Recuerdo”, reza un ilustrativo letrero, en alusión a dos pequeños de nombres Daniel y María José, y el cual está firmado por “sus amigos”, no identificados.
Unos metros más allá, cuatro niñas acompañadas por dos personas adultas esperan, con un ramo de flores en la mano, poder dar con su profesora muerta, una muchacha que residía en el asentamiento y que ayer mismo fue rescatada.
A menos de un kilómetros se ubica el cementerio municipal, donde trabajadores municipales se han convertido en improvisados sepultureros, un extremo que no les importa, porque todos “somos vecinos” y “las víctimas son nuestros paisanos”, cuenta Isaías Profeta Hernández, uno de esos hombres.
Hasta el momento han soterrado a 58 personas y, según dijo, habrá espacio para otros 60, aunque en aldeas cercanas también sería posible enterrar a más fallecidos.
Hernández manifestó la intención de seguir trabajando “hasta que cierren la morgue”. Reconoció que es muy duro, pero que dentro del dolor que sienten “es un honor y una satisfacción poder estar sirviendo a nuestros semejantes, a nuestros prójimos, a nuestros vecinos”.
“No lo vemos como una carga, sino como algo que verdaderamente satisface”, agregó, mientras uno de sus compañeros colocaba flores delante de los nichos “para que esté bonito”.
Cuatro personas se acercan a una de las tumbas de este cementerio. Una de ellas, Ángel, cuenta, señalando el lugar donde descansa su novia, Rebeca Argentina Pú, el sufrimiento que tiene por haber perdido a una parte de su vida.
“Pasé muchos momentos buenos con ella”, rememora apesadumbrado, y relata cómo desde el pasado mes de enero Rebeca desempeñaba la pasión de su vida, ser bombero municipal, al tiempo que estudiaba Enfermería.
La intención de ayudar al prójimo, en su novia, “era muy grande, lo hacía siempre sin pedir nada a cambio”.
“Es una pérdida muy grande, no solo se fue ella, sino parte de toda su familia -más de 20 personas-, que ya era parte de mi familia”, dice Ángel, quien muestra otras tumbas en las que descansan “los suyos”.
Insiste además en que no sirve de mucho buscar ahora culpables e indica que durante el tiempo que pasaron juntos “nunca les llegó notificación alguna de que el lugar era de alto riesgo”.
“Ahorita todos los ministros están tirándose la culpa entre sí, yo creo que ya en estos momentos no hay mayor cosa para hacer, porque tuvieron que hacerlo antes”, recuerda con una mezcla de dolor y esperanza, ya que aguarda que algún día “nos volvamos a ver”.
Uno de las vecinas de la zona, Dominga López, asegura a Efe que “es lamentable lo que ha pasado”.
“Todas las familias están consternadas porque no encuentran a sus familiares. Es lamentable”, proclama, y reitera que la investigación debería ser anterior a la tragedia, porque después “de tanta pérdida humana” es tarde: “A lo hecho, no hay remedio”.
Mientras unos entierran a sus familiares y otros esperan poder encontrar a los suyos, los centros de acopio, como el que dirige Arturo, continúan recibiendo ayuda de diferentes puntos del país. Son un grupo de damnificados los que distribuyen el auxilio.
La Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred) había advertido a la municipalidad de Santa Catarina Pinula, hasta en dos ocasiones, de que la zona era “de riesgo”, por lo que la Fiscalía de Guatemala ha emprendido una investigación para determinar los posibles “responsables penales” de esta catástrofe.
Las autoridades contabilizan hasta el momento 249 muertos y unas 368 personas permanecen aún albergadas en diferentes puntos.
Fuente: EFE