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miércoles, 8 de junio de 2016

El Banco Mundial alerta del alza de los riesgos y las divergencias globales

Mercadillo en el distrito de Villa el Salvador, en la capital de PerúEl Banco Mundial recorta de nuevo sus previsiones para la economía global. Ahora proyecta una expansión del 2,4% este año, medio punto menos que lo anticipado hace solo seis meses. La fuerte contracción de América Latina explica en gran medida la rebaja: caerá un 1,3% en el ejercicio en curso, cuando en enero se hablaba de estancamiento. El organismo alerta de que los riesgos van al alza y critica la “ensalada” de políticas monetarias emprendidas, que no funcionan.
La revisión a la baja se explica por las dificultades que arrastran las economías avanzadas siete años después de acabar con la recesión, a la persistencia del bajo precio de las materias primas, la debilidad del comercio internacional y la moderación en los flujos de capital. Los países emergentes y, en concreto los que exportan energía ycommodities, están teniendo muy complicado adaptarse.La economía mundial, como señalan los relatores del informe de perspectivas, sigue atrapada en un “equilibro de bajo crecimiento”. Los técnicos dejan claro, además, que esta situación no debe ser vista como una recesión planetaria porque los datos reflejan un crecimiento, aunque muy débil. La recuperación, insisten en Washington, continúa pero a un ritmo que deja mucho que desear.
De hecho, la mitad del recorte se debe a estos países y eso preocupa al presidente del organismo, Jim Yong Kim, porque esta situación pone una zancadilla todo el proceso para reducir la pobreza. El Banco Mundial señala, además, que los beneficios del bajo precio de la energía y las materias primas para los países importadores no se están materializando tan rápido como se esperaba.
El frenazo de estos países explica que la contracción que se proyecta para América Latina
este año doble la recesión del 0,7% que sufrió la región en el conjunto de 2015. Hacía tres décadas que no se encadenaban dos años en negativo. Los técnicos del organismo anticipan que la recuperación será gradual, al repuntar al 1,2% a lo largo de 2017. De ahí progresará hasta un crecimiento del 2% un año después.

Puntos negros

La divergencia entre países exportadores e importadores es clara en la región. Las economías de América del Sur se contraerán un 2,8% lastradas por Brasil. La proyección para este país, la mayor potencia regional, es de una contracción del 4% en 2016 por el efecto combinado del paro, la pérdida de renta y la incertidumbre política. En el mejor de los casos se estancaría el año próximo.
El otro punto negro es Venezuela. Se contraerá un 10%, el doble de lo esperado, para moderarse hasta el 2,3% en 2017. Argentina también estará en negativo, aunque en su caso la contracción será de solo el 0,5% para este año. Representa, de todas formas, un recorte de 1,2 puntos aunque se revisa al alza el crecimiento para el año próximo, hasta el 3,1% frente al 1,9% que se anticipó en enero.
México y los países de América Central crecerán, por el contrario, un 2,7% gracias a la expansión de su poderoso vecino del norte, EE UU, del 1,9%. La excepción es Ecuador, que sufrirá una caída del 4% tras empeorarse dos puntos sus perspectivas por el lastre del petróleo. Es el mismo problema que sufren de Columbia, Chile, Perú y Bolivia por la caída de las inversiones en materias primas. Aunque México es un país exportador neto de petróleo, su industria está más diversificada y la depreciación del peso le da una ventaja competitiva al sector manufacturero.
La pérdida de valor de las divisas latinoamericanas hizo que el volumen de exportaciones de la región creciera un 3,5%. Ahora representa el 7,4% del total de mercancías que se movieron en todo el mundo, frente al 5,3% en 2014.

Ensalada monetaria

Los riesgos a la baja, por tanto, son más pronunciados a escala global. Por si no bastara, la rápida expansión del crédito en el sector privado eleva el riesgo potencial para varios países emergentes, como advierte el economista jefe del Banco Mundial, Kaushik Basu. A esto hay que sumar las dudas sobre la efectividad de las políticas monetarias para apoyar el crecimiento y la volatilidad que ello genera.
“Los bancos centrales están experimentando cada uno por su cuenta con tipos de interés negativos. Parecía una buena idea pero en retrospectiva está ensalada de políticas sin coordinar no funciona”, advierte Basu. Por este motivo, el máximo responsable de análisis del organismo pide a las principales autoridades monetarias globales que asuman su “responsabilidad colectiva” para no minar la economía global.
El margen de acción en el ámbito fiscal y monetario es, de hecho, “estrecho”. Por eso, Basu insiste en la importancia de que los ahorros por el abaratamiento de la energía y las materias primas se destinen a infraestructuras, educación y formación. También emplaza a los exportadores a adoptar iniciativas que promuevan la diversificación económica y la liberalización del comercio EP