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martes, 23 de diciembre de 2014

Crónica IPS: lo que Estados Unidos debería aprender del colapso de Rusia

(Washington, 23 de diciembre. IPS) – Después de meses de advertencias susurradas, los problemas económicos de Rusia pasaron a acaparar los titulares mundiales, tras el derrumbe de su moneda a mediados de diciembre. La caída de los precios del petróleo hizo que el rublo descendiera a valores mínimos históricos y provocó la crisis económica rusa más grave desde finales de los años 90.
Entre los principales motivos de ese colapso se encuentra la escasa diversificación de la economía. Al menos algunas de las fallas en su estrategia de poner todos los huevos en una sola canasta, la del petróleo y el gas, están ahora a la vista.
Érase una vez una Rusia que sí intentó la diversificación, antes de que la “solución” del petróleo y el gas llegara a parecerle una buena idea. Sucedió durante esos años turbulentos cuando la historia arrojó a la Unión Soviética a su tumba. Los planificadores centrales se apresuraron en convertir partes de la gran empresa estatal de producción militar, la misma que había fundido al imperio, para que produjeran los bienes de consumo que les habían faltado durante tanto tiempo a los ciudadanos soviéticos.
Un día, por ejemplo, los gerentes de una fábrica soviética de tanques recibieron la orden de reconvertir sus líneas de producción para la elaboración de zapatos. El plazo dado: “hoy mismo”. No lo lograron.
Los expertos en desarrollo económico coinciden en que el mejor momento para diversificar no es después de una crisis económica, sino antes. La prisa no es una buena manera de gestionar la transición hacia una actividad económica nueva. Dado que casi nadie pensó en que la Guerra Fría acabaría sin derramamiento de sangre, nadie previó una planificación por adelantado para la transición económica.
Pero ahora, en Estados Unidos por lo menos, sí lo están haciendo. Actualmente el país está en la primera etapa de una pequeña reducción de los gastos de defensa. Washington ya cubrió un tercio de los recortes al sector de defensa previstos en un plazo de 10 años, que impuso la ley de control presupuestal de 2011.
Si el Congreso legislativo no limita o desmantela el plan por completo, la reducción resultante seguirá siendo la más superficial en la historia de Estados Unidos. Se trata de la reducción del incremento aprobado tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, cuando el gasto de Departamento de Defensa, conocido como el Pentágono, casi se duplicó.
Tras los recortes, el presupuesto militar de Estados Unidos seguirá siendo superior, ajustado a la inflación, a lo que fue durante casi todos los años de la Guerra Fría, cuando existía un adversario real, la mencionada Unión Soviética, que intentaba mantenerse a la par de cada dólar gastado en la defensa.
Ahora, ese adversario no existe. ¿Y China? Ni siquiera se le aproxima. Estados Unidos gasta cerca de seis veces más que Beijing en sus Fuerzas Armadas.
Aun así, la modesta contracción de la industria de defensa de Estados Unidos se hace sentir en localidades de todo el país. Para cuando termine el decenio de recortes, muchos más lugares se verán afectados. Este es el momento para que aquellas comunidades que dependen de los contratos del Pentágono elaboren estrategias con el fin de reducir esta vulnerabilidad. Para adelantarse a la realidad.
De hecho, el Pentágono tiene dinero disponible con este objetivo. Su Oficina de Ajuste Económico da subsidios para la planificación y asistencia técnica a las comunidades que reconocen la necesidad de diversificarse.
A medida que Estados Unidos se esfuerza por comprender qué está pasando en Rusia y cómo reaccionar, al menos una cosa está clara: la incapacidad de Moscú para trascender las estructuras económicas dominadas por la producción militar, primero, y por los combustibles fósiles, ahora, puede servir como una advertencia y un llamado a la acción.
Las economías diversificadas son más fuertes. Llevan tiempo y planificación. Si los países esperan para diversificarse hasta que desaparezca la base de sus cimientos económicos existentes, entonces las posibilidades de una transición sin problemas disminuyen precipitadamente. No se puede convertir una economía basada en la fabricación de tanques en una que hace zapatos en un día.