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sábado, 10 de diciembre de 2011

AFP: Manuel Noriega, de fiel aliado a enemigo de Estados Unidos


(AFP) – Manuel Antonio Noriega, que será extraditado este domingo tras 22 años preso en Estados Unidos y Francia por narcotráfico y lavado de dinero, fue el oscuro hombre fuerte de Panamá en los años 80, un ex agente de la CIA que acabó derrocado por una invasión norteamericana.

El otrora poderoso dictador, hoy de 77 años, vuelve a Panamá deteriorado por los largos años de prisión y problemas de salud, requerido por la justicia para que cumpla tres condenas que suman 60 años de cárcel por la desaparición y muerte de opositores.

Considerado un militar sin escrúpulos y “camaleón” político, Noriega tenía tratos con el capo colombiano Pablo Escobar, llegó a relacionarse con los servicios de inteligencia de Fidel Castro, trabajó para la CIA y luego desafió a Washington. Muchos de sus antiguos amigos hoy le dan la espalda.


Fue extraditado de Estados Unidos a Francia el 26 de abril de 2010 tras 21 años de cárcel en Miami por narcotráfico, delito por el que había sido condenado a 40 años, rebajados por “buena conducta”.

La justicia francesa lo condenó a siete años por blanqueo de tres millones de dólares del cartel de Medellín en bancos de Francia en los 80 y ahora lo envía extraditado, con su consentimiento.

Según el presidente Ricardo Martinelli, “irá directo” a la cárcel de El Renacer, en las afueras de la capital, aunque por su edad podrá pedir detención domiciliaria.

Nacido en la capital panameña el 11 de febrero de 1934 en el seno de una familia pobre de origen colombiano, Noriega abrazó muy joven la carrera militar y llegó a dirigir con mano de hierro Panamá entre 1983 y 1989.

Tras participar en 1968 en un golpe contra el presidente Arnulfo Arias, comenzó su ascenso al defender al general Omar Torrijos contra un intento de golpe en 1969, que lo puso al frente del temido servicio de inteligencia G-2, convirtiéndose en uno de los militares más cercanos del caudillo nacionalista.

Fue entonces cuando se enroló como espía de la CIA, omnipresente en Panamá para vigilar el Canal, que hasta diciembre de 1999 estuvo bajo control de Estados Unidos.

Tras la muerte de Torrijos en un misterioso accidente aéreo en 1981, el entonces coronel Noriega afianzó su poder y, ascendido a general, accedió en 1983 a la comandancia de la Guardia Nacional, a cargo de las Fuerzas Armadas, la policía, el departamento de inmigración, el control aéreo y la administración del Canal.

En un contexto de guerras civiles en Centroamérica, jugó en varios frentes para mantenerse en el poder, aunque de aliado fiel de Estados Unidos pasó a ser su enemigo con la llegada a la Casa Blanca de George Bush (1989-92), ex patrón de la CIA.

En 1986, una filtración de la inteligencia norteamericana llevó al diario The New York Times a señalar el papel de Noriega en el asesinato, en 1985, del guerrillero y opositor Hugo Spadafora –por el que recibió una de sus tres condenas en Panamá-.

En 1987, Roberto Díaz Herrera, ex jefe del Estado Mayor y segundo hombre del régimen, lo acusó de corrupción, fraude electoral y del accidente que costó la vida a Torrijos.

“Noriega fue un victimario de muchas tragedias en Panamá que dejó mucho luto, pero a la vez una víctima gigante de eso que fue la CIA”, dijo a la AFP Díaz Herrera.

Aunque conservaba cierto apoyo popular, la oposición fue aumentando y Estados Unidos, que por entonces trataba de limpiar su imagen pública por el escándalo Irán-Contras, le exigió abandonar el poder, a lo cual se resistió.


El 20 de diciembre de 1989, en la llamada “Operación Causa Justa”, tropas estadounidenses invadieron Panamá -miles de civiles murieron- para derrocar a Noriega, quien estuvo refugiado dos semanas en la Nunciatura antes de rendirse el 3 de enero de 1990.

Uno de los pocos amigos que le quedan, el ex ministro de Comercio Mario Rognoni (1988-1989), lo califica de “persona incomprendida cuya figura real desvirtuaron los norteamericanos”.

“Llegó donde llegó cabalgando sobre el poder, las influencias, el temor, la intriga”, dijo a la AFP el general Rubén Darío Paredes, a quien Noriega relevó en 1983 en la Guardia Nacional.

“Tendría una caja de Pandora si quisiera hacer daño a determinadas personas. Pero no creo que le convenga”, dijo Díaz Herrera, ante la expectativa sobre qué hará el ex dictador en Panamá.
Noriega tiene en Panamá a su esposa, Felicidad Sierio, y a sus tres hijas, Sandra, Lorena y Thais.