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martes, 12 de noviembre de 2013

Profanan otras dos iglesias y ya hubo 5 ataques en 45 días

En las últimas horas se conocieron dos nuevos ataques a templos religiosos. Desconocidos quemaron el domingo las puertas de la iglesia San Antonio de Padua, en la ciudad cordobesa de Capilla del Monte. Los agresores también robaron imágenes de santos y rompieron bancos. A su vez, en la noche del sábado sufrió destrozos el templo de la Primera Iglesia Metodista, ubicada en la avenida Corrientes al 700, pleno centro de Buenos Aires. Allí, atacantes anónimos dañaron un valioso órgano antiguo, robaron diferentes elementos, vandalizaron el altar y abandonaron el sitio dejando indicios de que preparaban un incendio.
Con estos dos actos hostiles ya son al menos cinco las agresiones a templos religiosos en los últimos 45 días. Los ataques conocidos ayer se suman a los sufridos en septiembre por la iglesia San Ignacio de Loyola y por un templo metodista de Rosario, y al perpetrado contra la Catedral de Mar del Plata en octubre (verAntecedentes).
El sábado a la noche, desconocidos que se habrían quedado escondidos luego de la realización de un encuentro coral, atacaron la Primera Iglesia Metodista, un templo con 170 años de existencia y que fue el primer edificio Metodista en América del Sur.
Según le relató a Clarín el pastor Eduardo Mariani, a cargo del templo, los agresores robaron elementos de iluminación del altar, dañaron un órgano de tubos de 1882 que había sido trabajosamente restaurado hace dos años y dejaron “mensajes”, como la cruz del altar invertida y sillas dadas vuelta.
A la vez, la disposición en la que quedaron varios objetos hace pensar que los atacantes estaban preparando un incendio: montones de papeles y madera arrancada del piso en la pila bautismal, sillas amontonadas junto a una estufa con una caja de fósforos al lado, un montón de folletos apilados en una mesa junto a banco de madera, telas entre los tubos del órgano elevadas hacia el techo (que es de madera). “Todo eso fue parte de una amenaza o no iniciaron el incendio porque escucharon algún ruido y se escaparon”, conjeturó Mariani. “Lo sentimos como una agresión de alguien contra lo religioso, no sólo contra los metodistas”, agregó el pastor tras expresar su preocupación por las agresiones a diferentes templos.
La Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina dio a conocer ayer su repudio por los actos de vandalismo en la Primera Iglesia Metodista de Buenos Aires.
Por otra parte, el domingo desconocidos atacaron la parroquia San Antonio de Padua de la ciudad cordobesa de Capilla del Monte. Los atacantes prendieron fuego las puertas exteriores de la iglesia, incendiaron un confesionario, destruyeron una pequeña capilla de la Virgen, robaron copones e imágenes de los santos y rompieron un Cristo de tamaño natural al que le dañaron la cabeza y le quebraron los brazos.
“Este no es el primer ataque que tenemos. Es producto de la violencia social que estamos viviendo en Capilla del Monte y que requiere un análisis más profundo. Fue una agresión salvaje que demuestra un alto grado de intolerancia”, señaló Guillermo Gómez, párroco de esa ciudad del Valle de Punilla, ubicada 87 kilómetros al norte de la capital cordobesa.
El padre Gómez agregó que a lo largo del año han tenido que limpiar en varias ocasiones el interior del templo porque desconocidos habían defecado allí.
La Policía sospecha que la profanación de la parroquia ocurrió entre las 16 y las 18 del domingo, mientras se abatía una fuerte tormenta sobre la ciudad.
“Más allá de lo material, está el cuestionamiento de que estamos en una sociedad muy enferma, con intolerancia y rabia que se expresa a través de estas cosas. No consideramos que este ataque tenga que ver con las marchas y los disturbios acontecidos semanas atrás, aunque creemos que ilustran lo que estamos viviendo en la ciudad”, señaló el cura párroco de Capilla del Monte.
Gómez se refiere a una serie de disturbios que se desataron en Capilla del Monte después de que, tres semanas atrás, apareciera muerto en una celda de la comisaría de la ciudad Jorge Reyna, un chico de 17 años que días antes había denunciado en la Justicia que policías lo utilizaban para robar y vender drogas.
Colaboró: Gustavo Molina (Córdoba)