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viernes, 22 de agosto de 2014

Cuba continúa batallando para atraer nuevos inversionistas extranjeros

Cuba aún debe atraer a nuevos inversionistas extranjeros a pesar de haber lanzado en el último año dos importantes iniciativas, una señal de que prevalece la cautela para hacer negocios con el Gobierno comunista y por su propia lentitud a seguir adelante con las reformas de libre mercado.
Cuba abrió en noviembre una zona especial de desarrollo al estilo de China, incluyendo una terminal en la Bahía de Mariel, y aprobó en marzo una ley de inversión extranjeraargumentando que necesita más de 2.000 millones de dólares anuales en inversión extranjera directa para impulsar el crecimiento de su economía.
Pero, a pesar del recorte de los impuestos y la reducción de las barreras aduaneras -en línea con otros países del Caribe-, Cuba todavía tiene que superar las desventajas asociadas al embargo de Estados Unidos y a su economía de corte soviético.
"Cuba tiene mucho camino que recorrer en el aprendizaje de cómo reaccionar con agilidad a las oportunidades globales de negocios", dijo Pedro Freyre, quien dirige la esfera internacional de Akerman LLP, un bufete de abogados de Miami.
La ley de inversión extranjera, que entró en vigor a fines de junio, redujo a la mitad el impuesto a las ganancias y ofreció su exención por ocho años a los nuevos inversionistas además de eliminar el tributo al uso de la mano de obra.
Aunque los potenciales inversores celebraron los recortes de impuestos, algunos siguen cautelosos sobre el régimen legal de Cuba, especialmente luego del reciente encarcelamiento de un grupo de ejecutivos extranjeros y la apropiación de sus negocios en la isla por acusaciones de corrupción.
"Los beneficios no son extraordinarios para los estándares regionales y globales, y el pequeño número de proyectos propuestos hasta el momento está todavía en estudio o quizá ha llegado a la fase de preacuerdo", dijo un diplomático europeo.
Los proyectos de inversión, que deben ser aprobados al más alto nivel de Gobierno, incluyen sectores de la manufactura ligera, embalajes, energía alternativa, industria farmacéutica y logística, según las autoridades cubanas.
Los bienes de consumo del gigante Unilever, que se marchó de Cuba tras una disputa con el Gobierno sobre quién tendría mayor participación en un emprendimiento conjunto, está negociando su retorno a la zona de desarrollo del Mariel.
Según diplomáticos, otras dos compañías están evaluando operaciones en Mariel en asociación conjunta con el Gobierno cubano: la compañía francesa de bebidas Pernod Ricard y la fabricante de cigarrillos BrasCuba, parte de la filial brasileña de la British American Tobacco.

ESPERANZAS PARA INVERSIÓN
La economía cubana se ha estancado a pesar de las reformas de mercado emprendidas por el mandatario Raúl Castro, quien reemplazó en la presidencia del país en el 2008 a su hermano enfermo, el líder revolucionario Fidel Castro.
La economía creció sólo un 0,6 por ciento en el primer semestre de este año y el Gobierno ha recortado su previsión de crecimiento para el 2014 a 1,4 por ciento desde un 2,2 por ciento anterior.
Según las reformas impulsadas por Castro, Cuba se ha propuesto trasladar el 40 por ciento de su fuerza laboral del Estado al nuevo sector no estatal formado por granjas, pequeñas empresas, cooperativas y compañías mixtas, y ha otorgado mayor autonomía a las empresas estatales.
Traer más inversión también es crucial. Raúl Castro dijo recientemente en una sesión de la Asamblea Nacional (Parlamento) que Cuba necesita atraer un mínimo de 2.500 millones de dólares al año para lograr su meta de crecimiento aceptable por encima del 5 por ciento.
Eso podría ser demasiado ambicioso.
Omar Everleny, un economista cubano que se especializa en inversión extranjera, estimó en un reciente artículo que se habían invertido en Cuba apenas 5.000 millones de dólares en los últimos 20 años.
Cuba ha apostado a la zona especial de desarrollo que incluye 466 kilómetros cuadrados alrededor de una nueva terminal de contenedores en la bahía de Mariel, a unos 45 kilómetros al oeste de La Habana.
La proyección es que empresas extranjeras construyan fábricas o nuevas instalaciones para la importación o exportación en Mariel que desde el primer momento atrajo el interés de los potenciales inversionistas, la mayoría de ellos con vínculos comerciales con Cuba.
Pero las empresas interesadas descubrieron una escasez de infraestructura alrededor del puerto. No se habían establecido los precios de los terrenos y de los servicios públicos. No se fijó la política salarial.
A falta de esa información básica, las empresas se vieron obligadas a retrasar las negociaciones y los estudios de viabilidad necesarios antes de su aprobación.
Del mismo modo, con la nueva ley de inversión extranjera, aún no se han confeccionado las listas prometidas con las oportunidades de inversión de los Ministerios de Agricultura y la industria alimentaria, así como de productos farmacéuticos y otros sectores.
"La ley de Inversión Extranjera de Cuba y su zona de desarrollo de Mariel son emblemáticas dentro de las recientes reformas en la isla. Muchos de los cambios están en la dirección correcta, pero no ocurren lo suficientemente rápido", dijo Peter Schechter, director del Latin American Program del Atlantic Council con sede en Washington.
Inversionistas y diplomáticos sostienen que la mayoría de los problemas iniciales en la zona del Mariel han sido resueltos, aunque la precaución tradicional y la falta de experiencia con las normas económicas y legales de las autoridades cubanas parecieron sin cambios.
"Ellos necesitan la inversión en todos los sectores para sobrevivir", dijo un diplomático occidental.
REUTERS