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lunes, 21 de noviembre de 2011

La crisis no da respiro a Europa y los signos de contagio avanzan

La designación de reputados “tecnócratas” que esta semana fueron ungidos en Roma y Atenas puede dejar que desear desde el punto de vista de los procedimientos democráticos (nunca pasaron por las urnas). Pero desde el punto de vista de la estabilización financiera se suponía que ellos –con la promesa implícita de que ordenarán mejor que los políticos la situación fiscal de sus países– ayudarían a devolver a los mercados de bonos la confianza en una salida para la crisis de Europa.

Los mercados no se dejaron seducir fácilmente por la ofrenda. Sólo a fuerza de sucesivas compras en los mercados secundarios durante la semana, el Banco Central Europeo logró que la tasa de los bonos italianos a diez años cerrara el viernes por debajo del 7%, el umbral de insostenibilidad que precedió a los pedidos de rescate de Grecia, Irlanda y Portugal.

Y los inversores pusieron contra las cuerdas a los títulos de la deuda española, cuyos rendimientos fueron los mayores en 14 años.

España pasó el jueves la marca del 7% en sus tasas a diez años. La prima de riesgo española –el sobrecosto que el país paga en intereses por sobre los bonos comparables de Alemania, los más seguros de la eurozona– dominó amargamente el cierre de la campaña electoral para los comicios de hoy.

Pero la presión de los mercados tampoco se detuvo esta vez ante los países de mayor solvencia, como Francia, de calificación crediticia Triple A. La diferencia de tasas de interés entre los bonos de la deuda soberana francesa y los bonos alemanes comparables trepó a mitad de la semana a niveles récord desde que existe el euro, ilustrando hasta que punto el contagio ya no es un fantasma confinado a los países mediterráneos .

Los rendimientos también subieron para Bélgica, Finlandia, Austria y Holanda, todos países que hasta ahora habían quedado al margen de los efectos de la crisis financiera. “Si bien Francia viene sufriendo desde hace semanas cierta presión de los mercados, Holanda y Finlandia habían estado inmunes” dijo una nota de investigación de analistas del banco Daiwa.

Una razón para el nerviosismo de los mercados provino de los nuevos datos sobre la economía de la eurozona , que muestran un crecimiento marginal en todos los países salvo Alemania y Francia en el tercer trimestre, números que los analistas interpretan como probable antesala de una recesión inducida por la crisis de la deuda.

Los mercados, al igual que muchos analistas, estarían previendo que la llamada “receta alemana” de austeridad y sacrificio para los países muy endeudados profundizará su estancamiento y así deteriorará aún más sus posibilidades de bajar el déficit e implementar reformas que mejoren su posición deudora.

En Grecia, sometida por las cláusulas de su “rescate” a una cura drástica de rebajas de salarios estatales, despidos y privatizaciones que contribuyó a contraer el producto, la relación deuda-PBI aumentó , muestra un flamante estudio del grupo Research on Money and Finance.

Y sin duda una razón de peso para el embate contra los bonos es que, pese a las reiteradas apelaciones al liderazgo europeo, todavía no se sabe qué mecanismos se dará la eurozona para enmendar problemas de fondo ligados con la coexistencia de economías sumamente diversas . La combinación de moneda unificada y políticas fiscales diferentes en las que cada país decide cómo recauda y cómo gasta, ya mostró los desequilibrios y tensiones que puede generar, sin que todavía esté a la vista una fórmula para superarla.

La solución que muchos analistas ven es la emisión de garantías o de bonos de la eurozona. Eso convencería a los inversores de que no habría defaults y haría bajar los rendimientos y los costos de financiamiento. Pero eso no está entre las facultades del Banco Central Europeo, y esta semana la canciller alemana Angela Merkel ratificó su rechazo a la emisión de eurobonos por el BCE.

Y su partido, la Unión Demócrata Cristiana, adoptó una postura que permitiría a un país salir de la eurozona sin tener que abandonar la Unión Europea. Ese paso parecería ir preparando la idea de una “Europa de dos velocidades” en la que los países económicamente más fuertes del norte formarían el núcleo duro de una eurozona más reducida, que exlcuiría de forma permaente o temporaria a los paises menos competitivos del sur. Países como Grecia, Italia, España y Portugal seguirían como socios de una unión comercial amplia .

Hace diez días un cable de Reuters aseguró que altos funcionarios de Francia y Alemania venían discutiendo la posibilidad de que uno o más países saliera de la eurozona “mientras el núcleo restante avanzaría hacia una mayor integración económica, que incluiría a la política fiscal y monetaria”. Berlín desmintió tales conversaciones.

Según Mauro Guillén, profesor de economía en la universidad Wharton “la Unión Europea siempre ha tenido dos velocidades, ya que sólo 17 de los 27 miembros están en la eurozona. Ahora parece que la solución es tener menos de 17 en el euro. La cuestión es cómo pasar de la actual situación a eso. El corto plazo sería doloroso, pero en el mediano plazo, Grecia, Portugal y los demás se recuperarán. Es mejor que diez años de estancamiento”.

El euro nació con el objetivo de cementar la unidad de los países de Europa. Pero últimamente le toca ser el eje de crecientes fricciones y desacuerdos. Según Costas Lapavitsas, profesor de la Escuela de Estudios Orientales y Africanos en Londres “el euro está aplastando la democracia en favor de la política monetaria”.

Crece la sensación de que a algunos países de Europa se les están imponiendo desde afuera cambios políticos en nombre de salvar el euro. El coro europeo de repulsas que recibió el ex primer ministro griego Georges Papandreou cuando habló de un referendum sobre el ajuste en su país, así como los llamados de vecinos de Italia a que Berlusconi se fuera no son precisamente momentos descollantes de la democracia europea, escribió el domingo la columnista económica de The Observer Heather Stewart.

EL CLARIN
Isabel Stratta Istratta@clarin.com