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miércoles, 13 de agosto de 2014

INTERNACIONALES

El ‘coyotaje’ prolifera en Centroamérica al amparo del crimen organizado

Con hambre, sed, frío y miedo. Sola y desamparada, pero deseosa de llegar—sin compañía—hasta Estados Unidos, una chica de 16 años huyó el pasado 23 de julio de su hogar en un pueblo de Honduras, fronterizo con Guatemala, y deambuló por las calles de Parramos, un municipio del central departamento guatemalteco de Chimaltenango. Una mujer de la zona la auxilió y la obsequió con alimentos y bebida, la cuidó y le proporcionó abrigo y albergue.
Tras una intensa búsqueda que se extendió hasta en las redes sociales, la oficina de la Policía Internacional (INTERPOL) en Guatemala encontró a la muchacha el 1 de agosto en el Parque Central de Parramos. Después de encontrarla y rescatarla, la policía le suministró ayuda psicológica y, en un interrogatorio, la joven confesó que pretendía viajar a Estados Unidos apoyada por un individuo que "está siendo investigado" y que presuntamente la abandonó, según informó la Policía de Guatemala a EL PAÍS.¿Qué hacía una menor de edad en esas condiciones? Aunque la respuesta a muchos interrogantes es parte de una profusa investigación, los hilos del relato conducen a un coyote o traficante de personas que la reclutó en Honduras y prometió llevarla, por tierra, a suelo estadounidense para que cumpliera su deseo de emigrar,pero la abandonó en Chimaltenango.
Después de reír y llorar en brazos de una oficial que la rescató, la adolescente fue entregada a su madre en el puesto fronterizo de Corinto, entre Honduras y Guatemala, en un aparente desenlace feliz. Persisten, sin embargo, las dudas acerca de si el objetivo real del coyote, al reclutar a su víctima, era transportarla a los trillos de explotación sexual, como pornografía y prostitución, que operan en distintos puntos de la frontera entre México y Guatemala y que pagan elevadas sumas de dinero por la captación de adolescentes.
Más allá de los detalles, el caso es apenas un ejemplo de un fenómeno masivo: la poderosa presencia del coyotaje en Centroamérica, de Panamá (por el sur) a Guatemala (por el norte), controlado por mafias del crimen organizado.
El objetivo real del coyote pudo ser transportarla a los trillos de explotación sexual, como pornografía y prostitución
Centroamérica es una plataforma clave para las operaciones de tráfico ilegal de personas. El hondureño Amílcar Sánchez, jefe de Migraciones Internacionales del Gobierno de Honduras, aseguró en una entrevista a EL PAÍS que "hay un alto porcentaje de los migrantes que pasan por territorio centroamericano que están dirigidos por los coyotes, pero otros lo hacen a título personal". "En esta diáspora encontramos a muchas personas que vienen huyendo de la violencia en sus países. La migración clandestina es un problema regional. El tráfico de personas es un rubro del crimen organizado y deja muchas ganancias", añadió.
Los coyotes operan a lo largo de toda Centroamérica y no solo para llevar personas indocumentadas de Honduras, Guatemala, El Salvador, Nicaragua o Costa Rica hacia Estados Unidos en una peligrosa travesía por México. Hay coyotes que trasladan a inmigrantes ilegales nicaragüenses a Costa Rica y Panamá, para insertarlos en la industria de la construcción o en tareas agrícolas, pero también en la servidumbre doméstica o labores de vigilancia. Otras redes llevan a estos inmigrantes a trabajar también en Honduras y El Salvador.
Existen grupos criminales que trafican eritreos, nepalíes, bangladesíes, ghaneses, nigerianos, chinos o ecuatorianos de Colombia hacia Panamá y Costa Rica, en ruta hacia Estados Unidos. Un indocumentado nicaragüense fue sorprendido a finales de junio en el sur del suelo costarricense, cuando conducía un vehículo en el que trasladaba a dos ghaneses.
Los contrabandistas de seres humanos cobran un mínimo de 5.000 dólares por llevar a alguien del norte de Centroamérica a Estados Unidos. Una casa de préstamos, controlada por una familia emparentada con políticos costarricenses, financió hace varios años el pago a los coyotes con hipotecas de viviendas, automóviles y otros mecanismos.
"Las mafias actúan con absoluta impunidad", acusó el procurador de los Derechos Humanos de Guatemala, Jorge de León Duque, en una entrevista con EL PAÍS. "Estos grupos incluso hacen anuncios por la radio, en los periódicos, y ofrecen todo lo que la persona que está en extrema pobreza quiere escuchar. Hay participación de notarios en Guatemala que se prestan a la compra y venta de propiedades con las que se financia el servicio de los coyotes", dijo.
"Es una red muy bien estructurada", puntualizó, al recordar que, para lubricar el negocio y obtener más ganancias, los contrabandistas hanpropagado la falsa noticia de que Estados Unidos otorgará una amnistía migratoria para que los indocumentados que ya estén en suelo estadounidense puedan regularizar su situación.
Estimulado por las mafias, el negocio del tráfico ilegal de personas aprovecha la porosidad de las fronteras centroamericanas. Es un fenómeno habitual e involucra desde abogados y transportistas, hasta a policías corruptos, hoteleros, taxistas, dueños de prostíbulos y de albergues clandestinos o falsas agencias de viaje, por lo que el servicio de los coyotes—como el que dejó a la menor abandonada en Guatemala—es una pieza vital del engranaje.EL PAIS