Lo Último

.

.

miércoles, 31 de agosto de 2011

China y el desafío de la Gran Muralla digital

China se mantiene firme en su batalla por controlar todo el flujo de informaciones que circulan por sus medios de comunicación e Internet pero, ¿está capacitado el país asiático para controlar la creciente "amenaza" que suponen las redes sociales y el posible efecto de las mismas en la opinión pública?.

Cuando en el año 221 a.C. Qin Shi Huang, considerado el primer emperador de la China unificada, comenzó la construcción de una muralla que le protegiera de los señores feudales que amenazaban su poder, muchos consideraron un sueño imposible su aspiración.

Hoy, más de 22 siglos después, China construye y mantiene otra muralla, invisible pero igualmente eficaz, una barrera que frena la libertad de expresión de sus más de 1.300 millones de habitantes y que dificulta la expansión de Internet en el gigante asiático, un proyecto que, según los expertos, intenta abarcar lo inabarcable.

"China pretende controlar todos y cada uno de los movimientos y opiniones de sus habitantes. Es algo imposible y por mucha censura que se aplique a Internet siempre surgirán nuevas vías de comunicación", asegura a Gao Feng, sociólogo afincado en Pekín.

La última de estas vías citadas por Gao y que ha dado una vuelta de tuerca más en la presión que ejerce el ejecutivo chino sobre la Red es Weibo, el microblog más importante con más de 200 millones de usuarios en China, donde Twitter está censurado.

La publicación de algunos mensajes con acusaciones directas a las autoridades en casos como el asesinato de una joven en Wuhan, capital de la provincia central de Hubei, o la reventa de bolsas de sangre procedente de donaciones, llevó al ejecutivo a exigir a Weibo que cerrara "aquellas cuentas que difundieran bulos".

Así, el secretario del Partido Comunista para Pekín, Liu Qi, visitó la sede de Sina Corporation, propietaria del microblog, donde, citado por Xinhua, declaró que las empresas de internet "deben impedir la difusión de información falsa y perjudicial".

Estas declaraciones fueron respaldadas a Efe por una fuente gubernamental apellidada Hu y que considera "necesario y prioritario" controlar aquellas manifestaciones que pongan "en peligro la estabilidad, progreso y avance de China".

El caso de Weibo es el último de una larga lista que comenzó en 1996 con la "Regulación Temporal para la Gestión de la Información en Internet", directiva aprobada por el Consejo de Estado que se hizo permanente y se actualizó conforme Internet crecía.

De esta forma, en los últimos meses han sido frecuentes los denodados esfuerzos del ejecutivo por evitar cualquier mención a las revoluciones jazmín o a la llamada "Primavera árabe" por el miedo a un contagio que, gracias a Internet, llevara a las calles a una población descontenta por la falta de libertades.

"Creo que el miedo a una revolución como las de Egipto o Túnez es infundado en China. Hay gente descontenta por la labor del gobierno pero ni mucho menos como para hacer una protesta que derribe a esta clase política", afirma Gao.

Infundado o no, el temor a que la población china sepa lo que pasa con temas como la represión al grupo religioso Falun Gong, perseguido y prohibido en China, las protestas de Tiananmen de 1989 o las revueltas uigures de 2009, ha hecho que el control de Internet desde las autoridades aumente paulatinamente.

Según Fang Binxing, creador del "Great Firewall" (Gran Cortafuegos) última versión de este sistema de censura, ésta se aplica de dos maneras, una preventiva, la que afecta a páginas como Facebook, Youtube o Twitter, y otra circunstancial, ejecutada según las necesidades del momento y la situación social y política.

"Es necesario controlar qué se publica en Internet y saber quién es la fuente. De hecho, muchos países como Estados Unidos, Corea del Sur y algunos de la Unión Europea tienen gestores de control de contenidos", afirmó a Efe Fang.

Hasta ahora, el modelo seguido por China ha tenido éxito y pocos han sido los contenidos que han escapado a su control. Sin embargo, el crecimiento de Internet y, sobre todo, de las redes sociales, supone un desafío para un gobierno que puede perder, tras muchos años de lucha, su batalla contra su más temido enemigo, la libertad de expresión.

EFE