Lo Último

.

.

viernes, 24 de junio de 2011

El núcleo duro del régimen iraní acosa a Ahmadineyad

La policía iraní detuvo ayer por presunta corrupción a Mohamed Sharif Malekzadeh, un aliado del presidente Mahmud Ahmadineyad y hasta el pasado martes viceministro de Asuntos Exteriores. La detención es el último episodio del duro pulso subterráneo que están protagonizando en el seno del régimen iraní el presidente y sus aliados, que intentan reforzar su posición e influencia, y el círculo de poder del líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, que trata de frenarlos.

Malekzadeh dimitió el martes tras haber sido sometido a una intensa presión por parte del ala dura del régimen, que además de los cargos de corrupción, le imputaba ser miembro de la "corriente desviada" que intenta debilitar la posición de la jerarquía clerical en Irán.

Los analistas políticos consideran que, detrás de la retórica ideológica y del debate político, se desarrolla en Irán desde hace meses un mero pulso de poder con vistas a las legislativas del próximo marzo y de las presidenciales de 2013, a las que Ahmadineyad no podrá presentarse tras haber agotado dos mandatos consecutivos.

Temor a la inestabilidad

Malekzadeh es un estrecho colaborador de Esfandiar Rahim Mashaie, jefe de Gabinete del presidente, y líder del grupo que intenta extender la cuota de poder de Ahmadineyad. Estos últimos dos son consuegros.

Por el otro lado se yergue una coalición de políticos radicales, clérigos y militares fieles al ayatolá Jamenei, que ha logrado forzar la dimisión o la detención de varios aliados del presidente en los últimos meses. El líder supremo intervino personalmente en la lucha el pasado mes de abril, al forzar la reinstitución en el cargo del ministro de Inteligencia, que había sido destituido de sus funciones por Ahmadineyad.

Pese a la clara dureza de la pugna, pocos analistas creen que Jamenei permitiría a sus aliados llegar hasta el punto de hacer caer a Ahmadineyad antes de que se agote su mandato. La precaria situación de la economía y el temor a un contagio de las revueltas árabes parecen poner la necesidad de estabilidad como prioridad absoluta del régimen.

Jamenei apoyó la reelección de Ahmadineyad en 2009, que generó masivas protestas en varias ciudades iraníes.
EL PAIS/REUTERS