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jueves, 23 de junio de 2011

Capriles acompañó a los Diablos Danzantes de Yare

Hombres con máscaras de grandes proporciones y trajes coloridos adornados con cruces, escapularios, rosarios y otros amuletos, llenaron este jueves las calles de San Francisco de Yare, para celebrar una de las festividades religiosas mirandinas más conocidas en el mundo: los Diablos Danzantes de Yare, que salen cada noveno jueves después de la Semana Santa, cuando se celebra el día de Corpus Christi.

El gobernador del estado Miranda, Henrique Capriles Radonski, quien acompañó a los promeseros durante el recorrido por la parroquia, recordó que esta tradición que data del siglo XVIII es una de las más conocidas de Venezuela.

“Miranda es uno de los estados del país que cuenta con más tradiciones y para nosotros es importante preservarlas porque ellas unen a los pueblos. Nos sentimos orgullosos que esta tradición que es la más antigua de toda América, sea aquí en Miranda”.

Asimismo, Capriles Radonski destacó la importancia de quienes tienen responsabilidad de Gobierno, acompañen a su pueblo en la celebración de las actividades culturales y religiosas. “Nuestra presencia acá es para apoyar esta manifestación que identifica a los mirandinos dentro y fuera de nuestro país, y que convoca a personas de todo el mundo”.

Resaltó el esfuerzo mancomunado de todos los organismos involucrados en la organización de la actividad, así como de todos los cuerpos de seguridad y prevención que brindaron asistencia a los visitantes. Destacó el trabajo de Turismo Miranda, que ubicó promotores en varios puntos de San Francisco para ofrecer información a los turistas con respecto a las distintas manifestaciones culturales de la entidad.

La jornada comenzó con una concentración en la Plaza Bolívar de esa ciudad y la apertura de la puerta principal de la Iglesia San Francisco de Paula, lugar donde los Diablos Danzantes se apostaron para esperar la culminación de la misa ofrecida por el vicario de la Diócesis de Los Teques, monseñor Raúl Bacallao, quien les dio el permiso y la bendición sacerdotal para iniciar los rituales.

Seguidamente, los promeseros, al ritmo del repique de la caja y tambores típicos, bailaron por las calles del pueblo. La celebración culminó como se acostumbra, al final de la tarde con el repicar de las campanas de la iglesia y la hermandad se dispersó hasta el próximo año, cuando volverán a representar este rito donde el bien prevalece sobre el mal.

Prensa Miranda