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domingo, 21 de agosto de 2011

ECONOMIA

El sistema integrado trasnacional de producción, cuyos actores son las 80.000 empresas transnacionales y sus 600.000 asociadas o afiliadas, se mueve, al igual que todos los indicadores de la economía mundial, hacia el mundo emergente. 

El sistema generó valor agregado por aproximadamente US$16 billones en 2010, según el informe de la UNCTAD (1/4 del PBI mundial); y las empresas asociadas o afiliadas produjeron más de 1/10 del PBI global y 1/3 de las exportaciones mundiales. A este ritmo de crecimiento de la inversión directa, el flujo global de IED alcanzaría en 2013 a US$1,9 billones, igual al pico histórico de 2007.

Más de la mitad de los 10 países que recibieron el mayor flujo de IED en 2010 son emergentes y tres de los cinco primeros también lo son. Los dos mayores receptores son, de lejos, EE.UU. y China. El primero atrajo US$228.000 millones (+49% respecto a 2009); y China/Hong Kong recibió US$175.000 millones.

Las dos regiones emergentes más favorecidas son el Sudeste Asiático (China), y luego América Latina (Brasil). La primera obtuvo US$300.000 millones, y la segunda, US$159.000 millones. 

Otra novedad en este nuevo ciclo del sistema transnacional de producción es que la inversión fija en el exterior de los países emergentes trepó a US$388.000 millones en 2010 (+21% sobre 2009), y alcanzó a 29% de los flujos globales (fue 16% en 2007). Los cuatro principales países de América Latina en inversiones en el exterior son Brasil, Chile, Colombia y México, y realizan el 70% de sus colocaciones en otros países emergentes, sobre todo en la propia región.

Las inversiones en el exterior de EE.UU. fueron también las primeras, como lo es su condición de principal país receptor, con una cifra de US$329.000 millones en 2010. Lo siguió China/Hong Kong, que es ya el segundo inversor extranjero en el exterior, con una cifra de US$144.000 millones. El tercero es Alemania, con US$105.000 millones y el cuarto Francia, con US$103.000 millones.

La novedad en gran escala de la inversión transnacional en los últimos dos años es Brasil, que recibió US$48.400 millones en 2010; y luego, en los primeros seis meses de este año, alcanzó a US$32.500 millones, que representa un crecimiento de 168% con respecto a igual período del año pasado. 

Según el Banco Central brasileño, la IED ingresada en el primer semestre equivale a 2,74% del PBI y en los 12 meses previos a junio de 2011, ingresaron US$68.819 millones (3,06% del PBI).
Esto sucede cuando el índice BOVESPA ha caído 13,5% en lo que va del año, y hay una disminución en la Bolsa de San Pablo del flujo de capitales del exterior de 70% en igual período (US$2.890 millones vs. US$9.740 millones). Se estima -ésta es la hipótesis- que la alta inflación (6,5% anual desde abril), al llevar al Banco Central a elevar cinco veces la tasa Selic hasta llegar a 12,5%, ha hecho que los capitales se dirijan directamente a la compra de títulos que pagan 12%/13% anual, y dejen de lado a la Bolsa.

El resultado de esta ola de inversión que recibe Brasil es que, tras haber sido el 5° país del mundo en materia de atracción de IED en 2010, sería el 4° en el período 2011/2013, después de EE.UU., China, y Bélgica (esto es, Europa); y el stock brasileño superaría los US$500.000 millones en ese período (24,5% del PBI).

Brasil se convierte en un componente central del sistema integrado trasnacional de producción – núcleo estructural de la globalización –, como parte de un proceso ascendente iniciado en los últimos 20 años que se acelera a partir de la crisis global 2008/2009. 

Logra así un nivel de IED que tiende a adquirir un piso de US$100.000 millones por año, a partir del período 2013/2015, según las previsiones de la UNCTAD.

En términos históricos-estructurales, esta tendencia brasileña en relación a los flujos globales de IED es más importante que la que surge del boom exportador de materias primas de los últimos diez años, que le ha permitido crecer al ritmo más elevado de su historia desde la década del 70, a través de las ventas a China.

El informe de la UNCTAD no sólo muestra que se expande la producción trasnacional – creció 10 puntos entre 2009 y 2010; este último año fue 25% del PBI mundial, mientras que alcanzó a 15,6% en 2009 –, sino que el proceso de internacionalización ha dado un salto cualitativo, debido a tres factores. 

En primer lugar, la recesión y el bajo crecimiento de los países del G-7 ha hecho que la mayor parte de las empresas transnacionales (80% tienen su origen en el mundo avanzado, del que surge el 70% de los flujos externos) racionalizaran su producción en las casas matrices y se volcaran a sus afiliadas o asociadas en los emergentes. 

En segundo lugar, a partir de 2008/2009, la recuperación de la economía global es liderada por los países emergentes, que crecen 2 o 3 veces por encima de los avanzados. Por eso está allí la fuente principal de los ingresos y de las ganancias de las empresas transnacionales, que trasladan así al mundo emergente el eje de sus intereses. Por último, hay un crecimiento de casi 10 puntos de las empresas transnacionales de los países emergentes, incluyendo las firmas estatales, que constituyen 1/3 del sistema integrado trasnacional de producción.
El proceso de transnacionalización de la producción constituye la raíz de la dinámica política y económica del sistema capitalista en el siglo XXI. Las firmas transnacionales se han constituido en empresas globales integradas, que entregan productos a sus clientes en el mercado mundial en su conjunto. 

Ello significa que comparten tecnologías y estándares de negocios, y se financian exclusivamente en el sistema financiero internacional, cuyo crecimiento está en relación directa, en forma de un aumento excepcional de la división internacional del trabajo, del auge del sistema integrado global de producción. 

Este sistema se desarrolla sobre la base de la infraestructura global de información y telecomunicaciones, cuyo eje constituye ahora Internet. En él ocurre lo esencial de la innovación en nuestra época, que por ello tiene un carácter global, que hace que el incremento de la productividad tenga hoy su fuente casi exclusiva en la producción trasnacional.

Esta es hoy la frontera de la globalización; en ella, la industria manufacturera se descentraliza y dispersa globalmente, acompañada por los servicios – publicidad, marketing, seguros – a través de una compleja red de alianzas, subcontrataciones y outsourcing. Esta es la avanzada del sistema capitalista global.

ANALISIS DEL INFORME DE LA UNCTAD