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martes, 21 de octubre de 2014

“Si la OEA no se renueva puede extinguirse como un dinosaurio”

El excanciller Eduardo Stein (Guatemala, 1945) asegura que lleva con la “inquietud” de postularse a secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) desde hace más de una década.
Corría el año 2000 y la OEA le encargó dirigir la misión de observación electoral en Perú. La conclusión de su equipo fue que las elecciones “no fueron limpias”, pese a lo cual, recuerda, el Hemisferio “le otorgó” a Alberto Fujimori su tercer mandato. Fue en ese momento, explica, cuando se convenció de la necesidad de cambiar la “doble agenda” que se manejaba en la región entre “la política de lo posible y la política de lo conveniente”.
Stein se volvería a volcar poco después en la política de su país, donde ejerció el cargo de vicepresidente entre 2004 y 2008.
Pero la semilla ya estaba sembrada y, 14 años más tarde de su encargo en Perú y nuevas misiones internacionales de alto nivel después, Stein asegura en entrevista con EL PAÍS en Washington estar preparado para afrontar los nuevos “problemas formidables” que ve en la región al frente de la única organización que puede sentar en la mesa a todos los países del hemisferio.
Entre sus prioridades: asegurarse de que la OEA cumple su “misión esencial de defender la democracia representativa y los derechos humanos”, con un apoyo decisivo al “fundamental y emblemático” Sistema Interamericano de Derechos Humanos. Pero el organismo también debe fijarse “objetivos audaces” para “mejorar la vida de los pueblos”, especialmente de la juventud, sostiene.
“No salimos con una mejor región para nuestros hijos y nietos si eso no se resuelve. Y eso pasa necesariamente por un conjunto de decisiones políticas y de desarrollo que son también políticas en una OEA que necesita readecuarse al siglo XXI”, sostiene.Algo que pasa, subraya, por combatir “el embate feroz del crimen organizado en todo el continente, que usa como su mejor aliada la corrupción rampante en muchos estratos”.
El exvicepresidente guatemalteco ha elegido la capital estadounidense, sede de la OEA, como punto de partida de su campaña para dirigir el organismo. Compite al menos con otro aspirante, el canciller uruguayo Luis Almagro, quien ya lleva meses promoviendo activamente su candidatura.
Stein define su postulación como una “candidatura centroamericana”, aunque reconoce que Managua todavía no se ha pronunciado. Afirma, sin embargo, que todavía hay tiempo para recabar apoyos, para lo cual emprenderá hasta febrero varias giras regionales.
Para Stein, el desafío que supone dirigir una organización que si no se renueva corre el peligro de “extinguirse como un dinosaurio” es “temible pero interesante”.
Una tarea primordial e ineludible de quien en mayo de 2015 sustituya al frente de la OEA al chileno José Miguel Insulza es, sostiene, completar la necesaria “reforma estructural profunda” que requiere un organismo sumido en un “desmadre” de “grave crisis financiera”, excesiva “dispersión” de objetivos y mandatos imposibles de cumplir o sufragar y una “disfunción constante entre la Secretaría General y sus estructuras funcionales con otros órganos o entidades del Sistema Interamericano”.
Stein considera que la “visión estratégica” —la hoja de ruta aprobada por los Estados para definir mejor sus objetivos y capacidades— es un paso adelante, pero que hay que completar. “En América Latina somos campeones en planear, pero flojos en implementar”, advierte.
Pese a todo, el excanciller afirma que se trata de un esfuerzo que vale la pena. “No solamente porque es el andamiaje jurídico más completo con el que contamos para entendernos” en la región, sino porque también hay “servicios” que sólo la OEA puede darle a sus miembros, apunta.
Pero para ello, insiste, “necesitamos volver a reenfocarnos en lo que en su esencia debería ser la OEA, el foro político por excelencia de la región”.
Y ello pasa, subraya Stein, por aspirar a buscar “objetivos comunes” que unan al continente. O, como dijo al presentar su programa en Washington: la OEA debe ser un “catalizador de cambios que promuevan el desarrollo de nuestros pueblos y no una aduana de las ideologías regionales”.
“En el momento en que la OEA renuncie a ese horizonte de discusión y búsqueda de acciones comunes para todo el hemisferio y sea solamente el árbitro de disputas ideológicas territoriales, habrá firmado su certificado de defunción”, advierte.
“Las divergencias ideológicas necesitan evacuarse en otro sitio”, insiste el candidato guatemalteco. Porque si se permite que la OEA se reduzca a una mera “plataforma de peleas ideológicas”, se limitarían peligrosamente sus capacidades.
“Lo único que haría es incrementar una carcoma interna de divisiones y antagonismos que se han producido en la OEA en ocasiones importantes o una inmovilidad ante situaciones donde necesitaba reaccionar con prontitud”, lamenta.
Con el precio adicional, advierte, de haber “sacrificado” por el camino “compromisos de fondo en materia de seguridad, derechos humanos o fortalecimiento democrático”.EL PAIS