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viernes, 17 de junio de 2011

El 'beso' en la batalla, el perro sin flauta y qué futuro más negro

Los canadienses tienen fama de tranquilos, afables, educados. Michael Moore nos los vendió en la oscarizada Bowling for Columbine como un pueblo pacífico que deja abiertas las puertas de sus casas y que no anda por ahí tiroteando a sus vecinos en los supermercados. Desde que Moore nos narró aquello se han producido unas cuantas excepciones violentas, alguna en Montreal, capital económica de ese Quebec francófono que pelea por una identidad, como si la identidad fuese una meta y no un puesto de salida.

Los 'educados' seguidores de los Vancouver Canucks de hochey, un juego que consiste mayormente en liarse a puñetazos sin que los árbitros puedan intervenir hasta que uno de los contendientes cae al hielo, se tomaron bastante mal la contundente derrota ante los Boston Bruins en la Stanley Cup, el gran torneo de la especialidad, similar en fútbo a la Copa Libertadores en América o a la Champion League en Europa.

En la primera foto de Lich Lam, la que encabeza el post, se ve a dos canadienses en una posición cariñosa, besándose, ejerciendo de estereotipo de canadienses en medio de las luchas callejeras entre seguidores del equipo derrotado y los antidisturbios. El policía en primer plano espera porra en mano a un enemigo que no vemos.

Una segunda imagen del mismo fotógrafo, que nos llega a través de los lectores, narra una historia más completa: más que un beso, una expresión de amor, que lo puede ser, parecen más bien cuidados a un mujer golpeada, quizá por la policía.

La foto es un instrumento periodístico extraordinario que suspende la realidad, y que de alguna manera la limita. Fue un error no incluir ambas y dejar que el lector decida. Lo siento.

Ramón Lobo
EL PAIS