Lo Último

.

.

sábado, 7 de enero de 2012

Todo por un taconazo de Özil


Özil taconazoTodo empezó por un lujo de Özil. Intermitente pero sublime, el mediapunta alemán abrió el blindaje del Granada con un inesperado pase de tacón. Quizá voluntario, quizá aleatorio, consecuencia de un control fallido, en cualquier caso, un producto genuino de su clase. El detalle se inscribió como lo más notable de un partido de corto aliento. Una pugna desigual, dignamente llevada por el equipo andaluz hasta los límites de lo posible. Lo imposible fue defender las arbitrarias invenciones de Özil, la inspiración de Benzema, la contundencia de Higuaín y el coraje de Ramos.


Hay que rebuscar en los archivos históricos para encontrar precedentes que se parezcan al clamoroso éxodo de la afición del Granada a las gradas del Bernabéu. El entusiasmo de la hinchada visitante, sin embargo, contrastó con la inhibición de su equipo, que no supo responder a la oleada inicial del Madrid. La defensa fue retrocediendo, paso a paso, hasta mezclar a Roberto con sus centrales y apretar a los centrocampistas contra su área. De izquierda a derecha, la línea de medios que formaron Mikel Rico, Yebda y Martins hizo un dique de contención por el que apenas se abrieron huecos. El movimiento defensivo vino inspirado por el empuje del ataque del Madrid, que avanzó con uno de sus característicos despliegues masivos en los arranques de cada partido. Lass, esta vez como lateral derecho, se internó hasta el fondo, muchas veces acompañando a otros avances de Marcelo por el otro costado. Higuaín, Benzema y Cristiano asaltaron el área desde los tres flancos. Özil se movió por todo el frente y Khedira irrumpió desde atrás, con empeño sistemático, intentando finalizar las jugadas.

Lento con la pelota en los pies, espeso para el pase, Mourinho ha mandado a Khedira a que distraiga a la zaga contraria. El hombre, pesado como un buey, va y remata cada vez que puede, normalmente con potencia pero sin acierto alguno. Su función es terminar con la elaboración, cerrar las jugadas, y evitar algún robo que desemboque en un contragolpe. Esta posibilidad se antojó remota en los primeros minutos del partido, cuando el Granada se acorraló en su área, permanentemente asediada. La montonera de futbolistas en el área de Roberto enredó las maniobras del Madrid, que no encontró más solución que los centros. Con la excepción de Benzema, que se movió en el bosque como por campo abierto, al equipo le faltó nitidez para encontrar el disparo. Hasta que Özil se inspiró para coronar la obra más bella del partido.
La jugada fue una maravilla de velocidad y precisión. La inició Higuaín, que entregó la pelota a Özil en la frontal del área. El alemán jugó para Cristiano y se desmarcó al primer palo para recibir la devolución de la pared. Cristiano, bien defendido, le metió el pase como pudo. El balón voló a media altura, demasiado rápido, pillando a Özil casi a contrapié, sin perfil para controlar y con un central apretándole. Su invento consistió en flexionar la rodilla y tocar la pelota que le pasaba por detrás con el tacón de su bota izquierda. El toquecito sutil se convirtió en un pase de gol a Benzema, que entró al segundo palo para empujarla.

El gol resumió la capacidad de sincronización que existe entre Higuaín, Benzema y Özil, tres futbolistas que rara vez coinciden. Su potencial es arrollador, incluso cuando los rivales no liberan ni un metro. Eso hizo el Granada, que se defendió con abnegación y sólo se animó a salir de la cueva en desventaja. No le fue mal en su primera aventura. El primer remate acabó en la red de Casillas. Una diablura y un centro de Uche, siempre encendido contra el Madrid, encontró a Mikel Rico completamente solo. Lass no acudió a cubrirlo y el centrocampista colocó el balón junto a la base del palo izquierdo del portero.

El Madrid se apagó durante un rato. Con el correr de los minutos se reveló que sólo estaba dosificándose para lo que venía. Un córner lanzado por Özil desde la izquierda encontró la frente de Ramos cuando había transcurrido la media hora del encuentro. Fue un cabezazo pleno que devolvió al Madrid a la faena. El Granada se desfondó en la reanudación. Marcelo ejerció de malabarista en el área, burló a Íñigo López y metió el pase ante el cierre de Diakhaté para encontrar al ejecutor más económico que hay en la plantilla. Higuaín no tardó nada en concebir su agresión, ver red, armar la pierna y fulminar a Roberto. El gol cerró el partido, que se prolongó sin historia hasta el final con el único aliciente del cuarto gol madridista. Otro pase de Özil, esta vez de 40 metros, otro control sedoso de Benzema, y la definición con torcedura de tobillo incluida. Mala suerte para el francés, que se retiró del Bernabéu cojeando pero, por primera vez, saludado con una lluvia de aplausos de agradecimiento.

Cristiano metió el quinto. Se trató de un gol irrelevante, sobre el final del partido. Se negó a celebrarlo. Mal encarado, se apartó a los compañeros que lo felicitaron y dio la impresión de escenificar un mensaje de reproche hacia alguien o algo.

EL PAIS