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jueves, 28 de agosto de 2014

Los sindicatos opositores comienzan una huelga general en Argentina

Tres de las cinco centrales sindicales de Argentina, las tres identificadas con la oposición al Gobierno de la peronista Cristina Fernández de Kirchner, coinciden este jueves en una huelga general en protesta por la crisis económica que está sufriendo el país sudamericano. Una de ellas, la rama opositora de la izquierdista Central de Trabajadores de Argentina (CTA), había comenzado el paro el miércoles al mediodía y había organizado una manifestación desde la Plaza de Mayo, frente a la Casa de Gobierno, hasta el Congreso.
Manifestantes de la CTA opositora y de los partidos trotskistas, que han ganado peso en las últimas elecciones legislativas y en los comités de empresas de varias industrias en la medida en que el kirchnerismo ha sufrido desgaste, también se han adherido a la huelga de 36 horas y a la protesta callejera con piquetes en siete carreteras de acceso a Buenos Aires durante la mañana del miércoles. Pero la huelga es mayor este jueves con la participación de las dos divisiones opositoras y la poderosa Confederación General del Trabajo (CGT). Han paralizado camiones, trenes, una línea de metro, autocares interurbanos, aviones, bancos, restaurantes, tribunales, gasolineras, puertos, la recolección de residuos y las boleterías de los estadios de fútbol. Los autobuses urbanos funcionan, pero los ingresos a la capital otra vez están bloqueados por protestas.

El sindicalismo opositor reclama que el Gobierno de Fernández prohíba por un año los despidos y suspensiones en las empresas. El paro ha subido al 7,5% en el segundo trimestre de 2014, respecto del 7,2% de un año antes. La economía se ha mantenido estancada en junio pasado, el último mes medido, y la inflación asciende al 31,2% anual, según cifras oficiales. El propio Ejecutivo ha admitido que los sindicatos han pactado este año un alza media de salarios del 29,7%. Por eso, los opositores piden que se reabran las negociaciones de las nóminas, dado que consideran que los precios han subido más de lo que esperaban a principios de 2014. También reclaman que los asalariados dejen de pagar el impuesto a la renta, algo que difícilmente el Gobierno pueda aceptar, por lo que la discusión más realista radica en un ajuste del tributo por inflación.
La jornada del miércoles comenzó en Buenos Aires con piquetes que provocaron atascos, aunque no impidieron que finalmente los coches, camiones y autobuses llegaran desde los suburbios al centro de la ciudad. La Gendarmería Nacional amenazó con desalojar una carretera y consiguió que los manifestantes liberaran el tránsito en algunos de los carriles. El secretario de Seguridad de Argentina, Sergio Berni, no ha descartado otras intervenciones policiales para desactivar este jueves los más de mil bloqueos prometidos en todo el país.La fuerte subida del dólar en el pequeño pero influyente mercado ilegal de cambios, hasta alcanzar este miércoles los 14,38 pesos, un 71% por encima de lo que cuesta en la plaza oficial, también recalienta las expectativas de una devaluación en este segmento legal, lo que elevaría aún más la inflación. La tensión cambiaria ha reaparecido en Argentina, después de la depreciación del peso en enero pasado, ante la crisis de deuda iniciada el 30 de julio. El Banco Central ha debido deshacer la reciente bajada de tipos de interés para alentar la economía, más preocupado ahora por una devaluación.
Por la tarde del miércoles, los piqueteros trotskistas se unieron a la CTA opositora, con representatividad en la administración pública, en una marcha por el centro de Buenos Aires. Horas antes también se habían manifestado por allí, aunque en paralelo a la huelga, los cientos de familias desalojadas de un barrio de chabolas el pasado sábado en la capital por las fuerzas de seguridad del Gobierno de Fernández y del ayuntamiento a cargo del conservador Mauricio Macri, candidato presidencial para las elecciones de 2015.
El líder de una de las CGT, Hugo Moyano, que fue kirchnerista hasta 2011, responsabilizó este miércoles al Ejecutivo por cualquier incidente que se produzca el jueves. Su colega de la CTA opositora, Pablo Micheli, no dudó en recurrir a la ofensa para criticar a los sindicalistas de la CGT y la CTA kirchneristas, que representan a amplios sectores de trabajadores: los tachó de “cagones” (miedosos) por no aprobar la huelga. Algunos partidos de Primera División se iban a suspender este jueves, pero los clubes han decidido a último momento jugarlos, quizá para evitar roces con el Gobierno de Fernández, el mismo que los subvenciona indirectamente con la transmisión de todos los partidos en la televisión estatal.
Sindicalistas kirchneristas han reconocido problemas como la inflación y la necesidad de actualizar el impuesto a la renta, pero consideran que no es un buen momento para presionar al Gobierno argentino en plena pelea con la justicia de EE UU por el impago de la deuda. Precisamente, este miércoles en el Congreso ha sido aprobado por una comisión el proyecto de ley para ofrecer a los acreedores de EE UU, Europa y Japón que puedan cobrar en Argentina, de modo de evitar el bloqueo judicial norteamericano que obliga a Buenos Aires a abonar primero a los fondos buitre que rechazaron la reestructuración del pasivo en 2005 y 2010 antes que aquella mayoría que la aceptó.
Un día antes, otra comisión del Parlamento había aprobado una reforma de la ley de abastecimiento que elevará los controles de precios y suministro del Estado sobre las grandes empresas. En paralelo, el Gobierno ha aclarado que no ha prohibido la exportación de carne vacuna sino que la han racionado para bajar los precios internos del plato preferido de los argentinos. Además, este miércoles, el Congreso ha sancionado una ley que permitirá a 500.000 ancianos pobres el acceso a una pensión. Todas estas medidas muestran que Fernández descarta quedarse de brazos cruzados ante la crisis y aplicará su receta para enfrentarla. La de este jueves será la tercera huelga general que afronta.La primera fue en 2012 y la última, en abril pasado.
EL PAIS