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viernes, 15 de junio de 2012

Los Hermanos Musulmanes se sitúan como la única oposición al régimen


La Junta Militar ha querido lanzar un mensaje de tranquilidad tras las decisiones judiciales que han dado un vuelco al futuro político de Egipto, al asegurar que las elecciones presidenciales previstas para este fin de semana siguen en pie. Los islamistas, encabezados por Mohamed Morsi se enfrentan a Ahmed Shafiq, el aspirante preferido del Ejército que sale reforzado tras validar la justicia su candidatura, pese a sus estrechos vínculos con el antiguo régimen.
El partido de los Hermanos Musulmanes ha sufrido por el contrario un importante batacazo político. Han visto cómo se esfuma de un plumazo su abrumadora y recién estrenada superioridad parlamentaria, después de que el Tribunal Constitucional declarara inválida la composición de la Cámara que dominan. Buena parte de sus escaños —hasta 100 de un total de 235— fueron elegidos precisamente en virtud de la cuota asignada a los candidatos individuales, los mismos que ahora cuestiona la Corte. Aún así, si solo se disolviera el tercio del Parlamento elegido con el sistema invalidado por el Tribunal (una posibilidad que mencionó Morsi ayer durante una intervención televisada), la Hermandad seguiría gozando de mucha fuerza en la Cámara. Anoche, se desconocían aún las implicaciones exactas de los veredictos constitucionales, que podrían comenzar a aclarase en las próximas horas.
El movimiento judicial podría tener, sin embargo, inesperados beneficios colaterales para la Hermandad, de la que últimamente muchos votantes recelaban por considerar que empezaba a acaparar excesivo poder tras triunfar en las parlamentarias. Ahora se perfilan como la única y verdadera oposición capaz de salvar la revolución de la plaza Tahrir. Ahora, de golpe, quien podría monopolizar todo el poder serían los llamados fulul, los remanentes del régimen de Mubarak y es de ellos de quien podrían empezar a desconfiar muchos votantes.
Los resultados de los votos de los egipcios residentes en el extranjero también ofrecen buenas noticias para la Hermandad. El candidato islamista se ha impuesto con cerca del 75% de los votos, un buen augurio con vistas a los comicios del fin de semana. En la primera vuelta, Morsi obtuvo entre los emigrantes un 38% de los sufragios, lo que sugiere que una buena parte de aquellos que se decantaron por los aspirantes derrotados han elegido ahora al candidato de los Hermanos. Las preferencias de los egipcios residentes en el extranjero —la mayoría vive en los países del Golfo— no reflejan sin embargo fielmente las de los 90 millones de egipcios.
En la calle, en contra de lo que vaticinaron numerosos analistas, no se produjeron reacciones violentas, tal vez debido a la confusión que ha rodeado a los veredictos que deben ser aún digeridos por buena parte de la población. En la revolucionaria plaza Tahrir apenas se congregaron unas 200 personas, la mayoría de ellos adolescentes. Reflejo del estado de estupor que se adueñó de muchos, los jóvenes ni tan siquiera corearon los habituales lemas contra la Junta Militar.
Algunos activistas llegaron incluso a felicitarse por el fallo, inmersos en la lógica de que “cuanto peor, mejor”. Confían en que se disuelva el Parlamento y que se celebren nuevos comicios legislativos. En ellos, piensan, los candidatos revolucionarios podrían por fin triunfar. “Este Parlamento no me representaba a mí, ni tampoco a la Revolución. Los Hermanos traicionaron la Revolución, y su popularidad está en caída libre”, decía Bassem Janoubie, fundador de Hijos de Egipto, una de las docenas de organizaciones revolucionarias.
Hoy viernes, tradicional día de movilizaciones en Tahrir, será el momento de tomar el pulso a los movimientos revolucionarios.

EL PAIS